El jardín también es un espacio para la ciencia
Melina Furman es docente e investigadora y sostiene que es posible pensar el desarrollo de la curiosidad científica con los pequeños.

Sábado 27 de Julio de 2019

"El jardín es una hermosa oportunidad para acercar a los chicos al mundo de la ciencia, porque son años de ojos brillantes y curiosos, que quieren tocar y explorar". La definición es de Melina Furman, bióloga, doctora en educación, investigadora del Conicet y docente de la Universidad de San Andrés, para quien el acercamiento a la ciencia es posible a esa edad, ya que los chicos y chicas "están haciéndose muchas preguntas y tienen ganas de jugar".

Autora de La aventura de enseñar ciencias naturales, La ciencia en el aula y Guía para criar hijos curiosos, Furman explica que en el jardín no se trabaja por área disciplinar sino de manera integrada por proyectos. "La idea es que en esas iniciativas haya una dimensión sobre la manera de pensar las ciencias naturales, con observar, medir, comparar o contar lo que encontré", señala.

A modo de ejemplo, dice que uno puede proponer un proyecto de construir un barrilete para una competencia del barrio. Pero que a esa misma iniciativa también se la puede usar para ver cuál es el barrilete que vuela mejor, el más grande o analizar de qué manera construirlo. "Todo es una oportunidad para trabajar el pensamiento científico", dijo Furman al programa "Educación Hoy", ciclo de la Fundación Luminis.

Furman destaca al respecto la propuesta de huerta que desarrollan muchos jardines para enseñar a los más pequeños sobre el cuidado de las plantas. "Pero si además de que aprendan a cuidar las plantas, que es muy valioso, podemos ver qué pasa si le echo más o menos agua, si les cambio la tierra, cómo registro los cambios de colores o si les doy más o menos sol", se pregunta Furman. De esta manera, entiende que la clave está en "profundizar las experiencias muy lindas que se hacen en el jardín, para no olvidarse de trabajar estas cosas que hay que enseñarlas desde chiquitos".

furman.jpg
La profesora Melina Furman es autora de la "Guía para criar hijos curiosos".

Científicos desde la cuna

"Hay ciertas capacidades que las podemos llamar protocientíficas. Algunos dicen que son científicos desde la cuna, en el sentido de que hay ya cierta tendencia humana a explorar y trabajar con la prueba y el error, y aprender a partir de eso", afirma la especialista sobre la formación del pensamiento científico en la primera infancia. Sin embargo, advierte que esos primeros pasos que se dan de forma espontánea "tienen un techo bajo y si no se lo entrena y se lo enseña adrede con trabajo sostenido quedan ahí". Muestra de ello —agrega— es cuando "metemos la pata" cuando se hacen experimentos sin haber aprendido. Por ejemplo, "cuando hacemos un experimento que confirma lo que pensamos de antes y si hay algo que lo contradice no lo vemos, o nos olvidamos de los controles".

Por eso, para Furman, es necesario "ir refinando ese pensamiento científico, que si no se hace desde la enseñanza no sucede". Menciona al respecto que hay investigaciones que confirman que los adultos "meten las misma patas que los chicos de primaria" y que "hay como cierta evolución con la edad madurativa y más o menos en quinto o sexto grado se llega como a un techo que, si no hay un plus desde la enseñanza, quedamos científicamente no alfabetizados". Capacidades que, apuntó, serán necesarias en la vida adulta para interpretar datos o entender gráficos. "Esto no es para ser científicos, esta mirada de enseñar ciencias apunta más a darle una caja de herramientas a los que no van a ser científicos, para que puedan tomar mejores decisiones o incluso disfrutar más del mundo que uno no comprende", agrega.

Formación

Junto con Diana Jarvis, Mariana Luzuriaga y María Eugenia G. T. de Podestá, Furman es también coautora de Aprender ciencias en el jardín de infantes (Aique), un libro de reciente aparición donde se brindan herramientas y ejemplos de cómo trabajar estos temas en las salitas del jardín.

Es que para la especialista, las docentes de nivel inicial y primaria en muchos casos se sienten lejanas a las ciencias naturales, en esencia "porque la formación en ciencias no es muy fuerte, entonces parecieran temas más difíciles".

"En general —dice Furman— las maestras están de acuerdo con la idea de que está bueno trabajar con los chicos en ciencias, pero no saben tanto por dónde arrancar". Entiende que ello deriva en que, por lo general, a esa edad se trabaje más desde las ciencias sociales o de literatura, pero que "es una picardía que los chicos se pierdan trabajar con las ciencias naturales".