Viernes 24 de Diciembre de 2021
No hay docente que en este tiempo de cierre de año no tenga en su boca la palabra trayectoria. Se nos pide desde el Ministerio de Educación de la provincia que definamos si en estos dos años las y los alumnos pudieron llevar adelante una trayectoria sostenida, intermitente, o si quedaron fuera de lo escolar no pudiendo realizar al menos un 25 por ciento de las actividades propuestas para este ciclo de dos años tan inusual.
Pensar en trayectorias es pensar en cada pibe, en cada piba, en las circunstancias que los y las atravesaron, en sus encuentros y desencuentros con ellos/as mismos/as y los otros, en sus posibilidades y logros, en las dificultades que han tenido que sortear, que no han sido pocas y no sólo en lo escolar.
Estos años pandémicos, así como han dejado aprendizajes, experiencia de búsquedas y nos han desafiado a romper con lo conocido para aventurarnos al encuentro de nuevas preguntas y respuestas, han dejado también mucha huella dolorosa en todos, fundamentalmente en las infancias y adolescencias. Huellas que son cicatrices que estamos viendo en la vida cotidiana escolar. Miedos, fobias, dificultades en la socialización, para volver a aprender con las lógicas de la presencialidad, falta de confianza en uno mismo, angustias varias, que han perturbado la vuelta a la “¿normalidad?” escolar.
Hablar hoy de trayectorias intermitentes y nulas es hacer referencia a pibas y pibes que están sufriendo. ¿Qué les pasa? ¿Cómo podemos ayudar? No se trata de dar dos semanas de clases más abordando contenidos que no pudieron ser aprendidos en estos dos años. Es mirar a cada uno/a, registrarlos con amorosidad, para diseñar para cada quien lo que esté necesitando.
¿Qué necesita para poder? ¿Qué podemos ofrecer para que pueda? Las respuestas son múltiples como cantidad de chicos y chicas hay. Si algo no deberíamos hacer es volver a la regla de lo mismo para todos/as. Hay caminos, hay recorridos que podemos inventar si flexibilizamos las lógicas escolares de la simultaneidad.
Esto sólo es posible trabajando en equipo, cooperativamente, con adultos docentes que piensan ya no desde la materia que dan, sino desde la necesidad de cada alumno/a con el/la que se encuentran en el salón de clases. En diálogo con los/as otros/as docentes y los equipos directivos, preceptores, tutoría. ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo podemos acompañar, sostener, posibilitar?
Diseñar propuestas entre los que enseñamos para dejar señas de que pueden y de que hay quiénes en red van a ayudar. Las trayectorias son chicos y chicas. Son cada uno/a. Por lo tanto, no podemos ofrecer lo mismo a todos/as.
Es así que traigo acá algo de lo que venimos haciendo con mis compañeros/as en el Colegio La Salle de Rosario, lo cual seguramente tenga puntos de contacto con las búsquedas que las y los docentes hemos realizado durante estos dos años en cada escuela: diseñamos trayectorias “alternativas”, diferentes caminos personalizados para que puedan.
Algunos tienen que ver con trabajos a distancia (para quiénes hoy no pueden “entrar” a la escuela”), otros con trabajos a distancia y encuentros presenciales individuales cuando no se sienten seguros de estar en espacios con mucha gente, otros han tenido que desarrollarse en la escuela, pero fuera del salón de clases, cuando este es sentido como un espacio al que todavía desde sus emociones no pueden acceder. A veces es fortalecerlos/as en aprendizajes cooperativos, otras en lo individual. En todos los casos, con directivos y docentes que se comprometen con cada uno/a y entienden que hablar de trayectorias es hacer de la escuela un espacio para aprender que excede el salón de clases. Que hacer escuela es ofrecer, dar y hacer de la misma un lugar, su lugar, en medio de tanta desazón e incertidumbres.
Enseñar es hacer lazo, que es encuentro y posibilidad. Esa es la huella que tenemos que dejar. Esa es la herencia a estas nuevas generaciones, ese debe ser nuestro legado. La escuela de pie, como un lugar de esperanza y de humanidad que piensa en cada uno/a, en medio de un mundo en el que tantas veces nos dejamos de mirar y sentir.