Educación

El desafío de construir con amor las infancias libres

¿Cómo transita la niñez trans la escuela? ¿Cómo pueden acompañar familias y docentes? Una historia de vida.

Sábado 14 de Abril de 2018

Apenas nacemos la sociedad nos etiqueta como "nenas" o "nenes". Sin embargo hay una parte de la niñez en la Argentina que no puede definir su identidad de género dentro del binario varón-mujer. ¿Cómo se transitan esas infancias? ¿Qué contención reciben en la escuela? El amor de las familias como bandera que abre el camino.

Desde chiquito a Pablo le gustaba jugar a tener el cabello largo. Repasador que veía en su casa iba directo a su cabeza. Toallas, trapos, remeras, cualquier pedazo de tela servía para estirarse el pelo. Otras veces esos mismos retazos se convertían en sus vestidos. Cuando aprendió a hablar, su mamá Ana observó que Pablo hacía ciertas marcaciones cuando alguien de la familia lo halagaba: si la abuela le decía que estaba hermoso, él respondía "hermosa", si le decían que estaba divertido, él corregía: "divertida".

A los cuatro años logró hacer una operación mental muy compleja para su edad y de una manera sencilla le dijo a su mamá: "Siento que soy una nena por dentro y un nene por fuera". Cuando veía que no encajaba, le preguntó a su mamá si estaba fallado. Ella lo abrazó muy fuerte y se puso a llorar con él.

La mamá de Pablo recuerda que antes de que pasara eso, la primera reacción que tuvieron como familia fue intentar corregirlo, fue decirle que no, que no podía hacer ciertas cosas porque eran de nena. "A los dos años lo callamos, le pusimos un freno", reconoce. Pero desde que sucedió ese episodio entendió que tenía que actuar distinto. El amor por su hijo fue lo que la predispuso con ternura a escuchar, aprender sobre el tema y acompañar.

Pablo es uno de los más de cincuenta niños y niñas que en la Argentina atraviesan una infancia singular porque su identidad de género no está definida dentro del binario varón-mujer con que nos etiqueta la sociedad apenas nacemos. La vida cotidiana de esta niñez puede ser maravillosa o traumática, en todos los casos las variables que juegan de uno u otro modo son el amor y el respaldo que tengan de su familia y los dispositivos que se activen en el sistema educativo para garantizarles contención y respeto. ¿Cómo recibe la escuela a esas infancias? ¿Hay una formación adecuada para directivas y maestras? ¿Cómo lo viven y lo sienten día a día las madres y los padres que acompañan a sus hijas y a sus hijos en este proceso?

"La vida diaria de esta niñez puede ser maravillosa o traumática, juegan de uno u otro modo el amor y el respaldo de la familia"

Animarse a salir de la burbuja

La mamá de Pablo cuenta que el segundo click lo hizo a partir de la pregunta que le acercó una psicóloga: "Si vos vivieras con tu hijo dentro de una burbuja ¿Qué harías?". Ella le respondió sin dudarlo: "Le dejo ponerse todos los vestidos que quiera, que tenga el pelo largo hasta los tobillos y que sea feliz". "¿Y qué te lo impide?", le respondió la analista. Fue simple, Ana se dio cuenta de que el problema era la sociedad, el qué dirán, la mirada del otro que puede ser dolorosa. "Ahí me empecé a sacar las caretas que una trae de una educación muy conservadora, una no nace en una cultura abierta", reflexiona.

El quiebre definitivo se dio cuando descubrió la historia de Luana, la primera niña transgénero en el mundo que logró que el Estado argentino le cambiara el DNI de acuerdo a su identidad autopercibida, en un trámite administrativo y sin necesidad de recurrir a la Justicia. Luana es una niña que, a pesar de haber nacido con genitales masculinos, se sintió nena desde que tuvo conciencia de sí misma y tras la sanción en 2012 de la Ley de Identidad de Género (26.743), logró que modifiquen en el documento su nombre de varón y pongan en su lugar el que eligió como mujer. Desde ese suceso histórico su mamá, Gabriela Mansilla, se convirtió en una referente para muchas madres y padres que se sintieron identificados con la experiencia y encontraron en la Asociación Civil Infancias Libres —que ella coordina— la posibilidad de acompañarse y compartir situaciones similares.

Ana cuenta que la primera vez que se contactó con Gabriela Mansilla fue a principios de 2016. "Ella ya estaba acostumbrada a que le escriban desde cualquier punto del país. Fue tan cálida, tan clara, tan auténtica, que dije «bueno, ya está» y a partir de ahí nos pusimos en contacto a través de un grupo de whatsapp con un montón de papás".

La experiencia de cada uno de ellos es particular. En el caso de Ana, por ejemplo, si bien observa que su hijo tiene una identidad de género que no está dentro de lo binario, siente que no puede hablar aún de una identidad trans. "Pabli va a su tiempo", dice y confiesa que para sostenerlo sin ansiedad repite cada día una frase casi como si fuera un mantra: "No hay que sugerir ni frenar, hay que acompañar". Ana reconoce que esa tarea es ardua. "Vos tenés que estar como sostén, como una persona que guía pero hasta ahí no más. Si no hay algo que surja de él, no sugiero nada y si surge algo, tampoco lo freno. Eso es difícil, porque la ansiedad como adulto, te gana. Entonces es trabajarlo todo el tiempo y también lidiar con la sociedad y no solamente con la escuela".

En Infancias Libres cuentan con equipos de profesionales para contener tanto a los adultos como a la niñez, producen materiales didácticos para informarse sobre el tema y lo más destacado es que hacen jornadas de encuentro en donde los chicos y las chicas pueden conocerse y hallar el punto de identificación con sus pares. "En la construcción de la identidad es clave ese encuentro. Yo puedo decirle a Pabli que hay un montón de nenes a los que les pasa lo mismo, pero si él no lo ve, no sirve. Entonces ese acompañamiento es maravilloso", dice Ana.

"Siempre, por suerte, tuvimos una buena respuesta de la escuela pero es verdad también que siempre actúan sobre lo pedido"

Convivencia en la escuela

El paso del nivel inicial a la primaria para Pablo fue intenso. El jardín público al que asistía tenía cierta perspectiva de género y esa circunstancia facilitó su adaptación en actividades mixtas en donde podía compartir más tiempo con las niñas que con los varones. Pero en la primaria, que cursa en una localidad santafesina, el cambio fue radical y en el primer lugar que lo observaron fue en el hábito de la escuela de formar filas o armar grupos de trabajo dividiendo al alumnado en nenes y nenas. ¿Dónde ubicarse cuándo se está en pleno proceso de explorar su identidad de género? La intervención de la familia de Pablo fue clave para revisar esas prácticas escolares que se repetían más por costumbre que por convicción. "Para las maestras fue una reunión de cinco minutos, la directora dijo «bueno a partir de hoy nos formamos mixtos, que los chicos se mezclen porque no tenemos que estar separados»", relata Ana. Para muchos quizás el gesto fue un detalle, para Pablo fue la posibilidad de sentirse cómodo al empezar primer grado.

Otra oportunidad en la que Ana fue al colegio fue cuando su hijo quiso empezar a llevar muñecas. "Con la familia se sentía protegido pero ¿qué pasaba con manifestar en la escuela lo que a él le gustaba? Necesitaba que lo sepa la seño, necesitaba un punto de apoyo". La mamá cuenta que, a partir de ahí, Pablo pudo mostrarse tal cual es sin ser juzgado. "Siempre, por suerte, tuvimos una buena respuesta de la escuela pero es verdad también que siempre actúan sobre lo pedido", reflexiona Ana.

El Ministerio de Educación de Santa Fe cuenta con una guía para que directivos y docentes puedan trabajar en la institución situaciones de "Discriminación u hostigamiento por orientación sexual o por identidad de género". Ese capítulo forma parte del manual "Orientaciones para la intervención educativa en situaciones complejas relacionadas con la vida escolar" al que acceden las docentes. Sin embargo, los antecedentes indican que los abordajes de estas experiencias y la relación de sociabilidad que se da en el aula se construyen en conjunto entre las niñas, los niños, las familias y las maestras, siempre que en el colegio haya buena predisposición para desarrollar las estrategias. "La escuela no sabe cómo actuar y yo en muchas cosas tampoco. En un momento me plantearon de hacer una reunión de padres para informar sobre la situación al curso y yo me pregunté si eso era necesario, yo siento que no, porque no estoy preparada para eso", dice Ana y recuerda algunos episodios menores en donde algunos compañeros se burlaron e insultaron a Pablo. "Me preguntaron si queríamos llamar a los padres y yo les dije que no, que sienten a los chicos y que hablen las maestras con ellos. Se habló, se trabajó y punto".

Hoy Pablo tiene ocho años y cursa 3º grado. Su mamá dice que sus compañeras y compañeras ya naturalizaron la situación porque están juntos desde pequeños. Saben que Pablo tiene mayoría de amiguitas nenas y que lleva muñecas a la escuela. A veces los chicos le dicen que se tiene que cortar el pelo porque es un varón, pero él les contesta que le gusta el pelo largo y con esa respuesta se cierra la discusión. "Cuando él se destapó en la escuela, eso fue suficiente para poder rodearse de amigas y amigos. No hubo más vueltas ahí". Ana nunca habló con todas las familias del grado y reconoce que al principio vivieron con mucho temor la cuestión de la sociabilidad. Hasta el día de hoy sólo conversó con aquellas mamás con las que tiene más confianza. Sabe que la experiencia debe haber sido compartida en todas las casas y cree que hubo buena recepción. "A lo mejor haya papás que no lo compartan, pero al reservarse la opinión y respetarlo, ya eso para nosotros es un universo ganado", asegura. Para la mamá, ese respeto es lo que permite una buena convivencia en la escuela y la posibilidad de vivir con naturalidad estas cuestiones. "Son 25, 30 chicos que hoy están creciendo con una mirada distinta. Yo no puedo decir que lo aceptaron porque en verdad no hubo nada que aceptar". Al decirlo de esta manera, Ana lo deja claro: la identidad de género de cada ser humano es un asunto personal que no está sujeto a la aprobación de nadie más que a la de uno mismo. Tal como lo dice la ley 26.743 es una vivencia interna e individual que puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento. "Si yo te pregunto a vos cuando fue la primera vez que te sentiste mujer, tal vez no lo recuerdes porque lo sentiste siempre. Es un sentir del que ni tenemos registro, un sentimiento, algo que no se elige, simplemente se vive", concluye Ana.

>>> Los nombres que aparecen en la nota están modificados para resguardar la identidad de quienes nos confiaron su testimonio.

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El Ministerio de Educación de la provincia cuenta con una guía para que docentes y directivos puedan trabajar el respeto a la identidad de género, evitando la discriminación.
El Ministerio de Educación de la provincia cuenta con una guía para que docentes y directivos puedan trabajar el respeto a la identidad de género, evitando la discriminación.


Los cuerpos trans no figuran en los manuales de estudio

Para muchas mamás y papás que atraviesan con sus hijos experiencias de infancias trans, el sistema educativo todavía no está del todo preparado para educar en la diversidad. "En la escuela las personas trans, los cuerpos trans, no están dentro de un manual ni de un libro ni de una lámina. Durante el tiempo que acompañé a más de 50 familias a lo largo de estos años, no ha salido información desde la escuela para las familias, sino que siempre fuimos nosotras las que fuimos a exigir que se cumpla la ley, a llevar información, a acercar los libros", asegura Gabriela Mansilla, fundadora de la Asociación Civil Infancias Libres y autora del libro Yo nena, Yo princesa, en el que relata la experiencia de su hija Luana.
Por su parte Ana, la mamá de Pablo retoma las palabras de la artista trans Susy Shock y dice que "si la sociedad ni siquiera puede imaginarse cómo es un cuerpo trans es difícil que pueda simbolizarlos o respetarlos porque lo que no se muestra, no existe".
Mansilla señala que en muchas escuelas "se explica que hay hombres con pene y mujeres con vulva, que se es hombre por el pene y se es mujer por la vulva y la verdad es que el ser varón y el ser mujer, no pasa por ese lugar, no pasa por la genitalidad y eso, lo están aprendiendo con nosotras, con las mamás, con las familias".
Desde Infancias Libres reconocen que la mayoría de los establecimientos educativos son permeables a las sugerencias de las familias y valoran la buena predisposición para acompañar. La mejor evidencia de eso, dicen, es que todos los niños y niñas que atraviesan infancias trans están escolarizados. Sin embargo, advierten que no hay formación para las docentes y que ante esta situación, todo depende de la buena voluntad que tengan los directivos.
Frente a eso, solicitan que el sistema educativo incluya materiales específicos para abordar la cuestión trans. "Una ley maravillosa como es la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) ni siquiera contempla los cuerpos y las personas trans", advierte Mansilla e invita así a repensar por qué en los manuales de estudio siguen aún sin contemplarse los cuerpos que no son binarios. "Nosotros aspiramos desde Infancias Libres a poder hacer tanto ruido que en algún momento se logre modificar la ESI para mejorarla o por lo menos que se nos escuche desde el Ministerio de Educación de la Nación".

"Sentí el desprecio por ser distinta"
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Karla Ojeda, de Comunidad Trans.
Karla Ojeda, de Comunidad Trans.
Karla Ojeda es una mujer trans de 45 años que dejó la escuela a temprana edad por el maltrato que recibió por parte de profesores y compañeros. Cuando estaba en tercer grado una maestra habló con su mamá y delante suyo le dijo que tenía que llevarla a un psicólogo porque algo le funcionaba mal en la cabeza. El problema era que ella quería ser como las otras nenas pero la profesional de la salud fue tajante con la madre: "Por más que se sienta una mujer usted tiene que criar y educar a su hijo como un varón". Mientras tanto, ella no sabía qué baño usar en el colegio, al de chicas no podía entrar y cuando iba al de nenes recibía agresiones e insultos. El asunto terminaba siempre igual, se aguantaba y llegaba a su casa complicada todos los días. Cuando ingresó a la secundaria no corrió mejor suerte, un profesor de biología la hostigaba porque se vestía con prendas femeninas y sus compañeros de curso la cargaban y acosaban. La falta de contención la expulsó de la escuela y a los 14 años dejó los estudios y se puso a trabajar. "Sentí el desprecio por el sólo hecho de ser distinta. De alguna manera me echaron por ser trans", relata Karla.
El refugio en aquella época sólo lo encontró en el amor de sus padres y hermanos que siempre la abrazaron y la consideraron valiosa. También en sus amigas travas que vivían situaciones similares y aún peores con la policía. "La implementación de la ESI en las escuelas y la capacitación a los maestros y a los profesionales de la salud sería importantísimo porque acompañaría a los niños en estos procesos. Para mí eso hubiera sido muy importante para no ser insultada", dice Karla. A pesar de las grandes adversidades hoy ella trabaja, tiene una pareja y adoptó una hija de la que se siente orgullosa. Hace cuatro años terminó la secundaria en una Eempa de Villa Amelia y actualmente milita en Comunidad Trans Rosario, una ONG que lucha por la ampliación de derechos para el colectivo.
"La implementación de la ESI en las escuelas y la capacitación sería importantísima para acompañar a los niños en estos procesos"
De acuerdo al relato de Karla, a la falta de educación de muchas personas trans, se suma el desprecio de las familias, la expulsión de sus casas y la frecuente caída en la prostitución —no siempre elegida como trabajo— ante la seria dificultad que tienen para acceder al mercado laboral. A eso se agregan los problemas de salud derivados de esa práctica y el de la transformaciones físicas —hormonizaciones— cuando se realizan sin ayuda profesional. "El promedio de vida de una persona trans es de 35, 40 años y eso sigue pasando hoy, se siguen muriendo", dice Karla y opina que si bien ahora hay leyes y políticas del Estado falta el cambio cultural y una mayor inversión porque "para la diversidad nunca hay suficiente presupuesto".

Un servicio de acompañamiento
Desde el año pasado la Subsecretaría de Políticas de Diversidad Sexual de Santa Fe desarrolla un "Servicio de acompañamiento a infancias trans" para dar contención y guiar a las familias que atraviesan estas experiencias. Javier Panziera, el psicólogo que coordina ese espacio, explica que en general "la familia tiene una matriz amorosa que tracciona. Es raro que haya padres que deseen el mal a sus hijos de forma primaria. La no aceptación tiene que ver con otras cuestiones, culpa, vergüenza, la amenaza de forma ficticia a la continuidad de la familia o el miedo a su inserción en la comunidad". El profesional reconoce que trabajaron con experiencias graves en donde se producen episodios de bronca y rechazo. "Encontramos situaciones de violencia, niños golpeados y exclusión del hogar", explica y agrega que incluso hay casos de chicas y chicos que recibieron medicación psiquiátrica por cuestiones de diversidad. Sin embargo, destaca que la mayoría de las familias hace un trabajo muy grande para ampliar su mirada, transformarse ellos mismos y acompañar desde el amor a sus hijas y sus hijos.
Panziera indica que estas experiencias llegan a la Subsecretaría por diferentes vías, por un lado desde los propios espacios de militancia por la Diversidad en los que ellos mismos participan, pero también a través de las redes sociales y el ciberactivismo que facilitan exponencialmente la posibilidad de contacto. María Eugenia Sarrias, trabajadora social a cargo del programa de Promoción de Derechos de la Subsecretaría y activista de la asociación civil lésbica feminista Las Safinas, cuenta que el resto de las consultas llegan directamente desde las escuelas a las que acuden periódicamente para dar talleres sobre diversidad. Sarrias dice que, en general, es más fácil que las chicas y los chicos se animen a hablar en los colegios en donde ya hay estudiantes o docentes del colectivo visible o familias que están participando. Además remarca la importancia de sumar a los centros de estudiantes porque "después de estar capacitados, pueden estar alertas y ser aliados en estos procesos".
Por su parte, Panziera observa que las docentes sienten que están muy atrasadas y con pocos recursos para abordarlo. "A veces es «quiero, pero siento que la situación me va a sobrepasar. Tengo miedo de hacer mal». No saben cómo trabajarlo" reflexiona y cuenta que recién ahora desde la Subsecretaría las mujeres trans que trabajan en la repartición comenzaron a dar charlas en algunas casas de estudio para contar sus historias, sensibilizar sobre el tema y generar conciencia en la construcción del rol de los nuevos profesionales para educarlos en la diversidad.

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