La historia de la foto

El chiste que compartió Federico Pagura

En 2015, la Biblioteca de la Unidad 6 decidió llamarse "Federico Pagura", en homenaje al obispo metodista.

Sábado 16 de Diciembre de 2017

El programa de Alfabetización cubano "Yo, sí puedo" se hizo famoso en el mundo por lograr devolverles la dignidad a millones de personas. En poco tiempo, con la ayuda de voluntarios y voluntarias, quienes fueron excluidos del derecho a la educación pudieron escribir y leer sus primeras palabras. Sin embargo, la primera experiencia con este plan en contextos de encierro se hizo en las cárceles de Rosario, concretamente en las Unidades 6 y 16. Comenzó en 2013, de la mano de la Multisectorial de Solidaridad con Cuba y en la Unidad 6 de Francia al 5200. Desde entonces ya son 128 los graduados de este programa (en ambos centros), que orgullosos han logrado dar un paso para disñear otros horizontes para sus vidas.

   Para enriquecer esta experiencia en mayo de 2015, los internos de la U6 impulsaron la creación de una biblioteca, para que los libros circulen, amplíen ese proyecto de inclusión nacido con el "Yo, sí puedo". También en común propusieron que ese espacio se llame "Federico Pagura", en homenaje al obispo metodista que desde el inicio les había brindado su apoyo. La imposición del nombre fue una fiesta. Esa tarde estaban los internos, invitados especiales, voluntarios y representes de diferentes cultos. Porque también esa tarde hubo un acto interreligioso, como una muestra de fraternidad.

   Una de las fotos —tomada por la fotoperiodista Silvina Salinas— registra el momento en que el Obispo Pagura se dirige sonriente a ofrecer una palabras de agradecimiento por la distinción, junto a un grupo de internos y parte del servicio penitenciario. Lo esperaba el coordinador del "Yo, sí puedo", Guillermo Cabruja para pasarle el micrófono. "Federico se reía porque hasta ese momento él creía que yo era remisero. Es que siempre lo llevaba y traía de alguna de las actividades de la Multisectorial. Ahí se dio cuenta que no lo era y me llamó algo así como un «remisero/empresario»", recuerda Cabruja en charla con La Capital, sobre lo que vivió como un chiste compartido con el querido Pagura.

   "Pero lo importante de ese día —continúa— es que estaban los representantes de las iglesias musulmana, evangélica, ortodoxa y católica, reunidos en el patio de una cárcel, homenajeando a alguien que dio su vida por la unidad de los pueblos, los derechos humanos, las libertades... Fue un homenaje en vida, como una despedida". El Obispo Pagura falleció un año después.

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