Educación

El arte infantil para hacer más agradable el espacio habitado

La Escuela Pedro Arias desarrolla una valiosa experiencia de educación artística, basada en el protagonismo de los chicos.

Sábado 30 de Diciembre de 2017

Apenas se ingresa a la Escuela Primaria Nº 1162 de barrio Matheu sorprenden unos móviles con formas de corazones, al fondo unos murales coloridos con claro sello infantil y en plena galería, sobre las paredes, dibujos inspirados en la obra "Villa Perejil" de Juan Grela. Detrás de ese trabajo que se anticipa cuidado, diferente y colectivo está la profesora de plástica María Cecilia Meneghini. "Yo me enamoro de los dibujos de mis alumnos. Hay que apasionarse con el trabajo, es la mejor manera entusiasmar a los chicos", confía y muestra un camino posible para hacer arte en la escuela.

Desde el inicio María Cecilia no se conformó con tener "45 minutos de clases de plástica, donde los chicos tienen que sacar una hojita, pintar, guardar y a otra cosa mariposa ". Se las ingenió para, poco a poco, tener su propio salón de trabajo.

Ahora ese salón está colmado con las producciones de sus alumnos y alumnas: hay retratos, animales fabricados con material reciclado, grabados y una puerta abierta que todo el tiempo invita a expresare. Y desde allí se diseñan, se piensan y concretan ideas que abrazan a toda la escuela.

"Es un trabajo colectivo", define para involucrar en este proyecto de educación por el arte a todas las maestras y maestros. Y no tiene mucho que explicar. Está a la vista, se vive, se disfruta.

¿Y cómo se hace para que todos participen con las mismas ganas? Un camino es el trabajo por proyectos, otro "aprovechar las vivencias diarias de los chicos". Un mural pintado por los chicos en la galería de la planta baja grafica esta definición: están el "Expreso Rodrigo" (que es el remisero del barrio), la Comisaría 15º y el supermercado. Y como la imaginación infantil felizmente es ilimitada también sumaron un McDonald's. En ese mismo universo hay muchas personas, casas... "Antes de hacerlo, Andrea, la bibliotecaria, les mostró un libro con la obra de Antonio Seguí quien profundiza mucho en el conglomerado de personas en una ciudad", detalla María Cecilia y revela otra pata clave de sus clases: la integración con la biblioteca escolar.

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Puertas y murales

Con la misma técnica de los murales se pintan las puertas de cada aula: se imaginan personajes, situaciones, edificios, animales, que dibujan y pintan con lo que tengan a mano (sirven desde las hojas del cuaderno hasta los lápices más gastados). Se recortan y pegan sobre la base ya colorida y luego se fijan con una mano de barniz.

La profesora invita a recorrer la escuela. Se detiene a mostrar cada puerta de los salones que pintaron los chicos y las chicas de 7º y sobre esos colores cada grado dejó sus propias ilustraciones. Algunas están inspiradas en la obra de Pedro Figari, otras en cuentos de monstruos y plantas carnívoras, o en versiones de los clásicos con perspectiva de género, como por ejemplo "Las siete Blancanieves y el enanito". "Trabajamos el arte rioplatense, los conceptos de simetría, los colores primarios", se entusiasma contando cómo se las ingenia para que contenidos muchas veces abstractos tomen forma en mano de los chicos.

Otro paso y más para contar. Señala unas maderitas colgadas junto a la puerta de ingreso de cada salón. "Las hicimos con 3er. grado para colgar sus trabajos. Son figuras geométricas pintadas con colores primarios. Primero observamos la obra de Joaquín Torres García y luego hicimos la nuestra", dice.

No todo queda en el dibujo y el color. Hay otras técnicas que se aprovechan y aprenden, como el mural realizado con mosaicos en el patio escolar. "El tema era la amistad, hasta en los recreos todos querían venir a pegar mosaquitos o tapitas", sonríe la profesora.

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La puerta de la biblioteca se abre y un tiranosaurio rex da la bienvenida. Es uno de los dinosaurios construidos entre los chicos y sus familias. Una tarea encomendada para las vacaciones que luego se convirtió en una muestra abierta a la comunidad. Los materiales, todos desechables, los que estuvieran a mano.

Detrás de cada trabajo María Cecilia tiene una historia que contar, para hacer valer una materia muchas veces considerada secundaria. Está convencida que el arte es para todos y mejora la calidad de vida de las personas: "No es lo mismo entrar a una escuela colorida, que gris".

"El secreto es saber organizar porque, en general, la estructura escolar marca los 45 minutos de la hora de plástica, en la carpetita. Además tenés que tener un aval para cambiar una estructura tan enraizada, donde hay que aprender a ceder espacios y ser generosos", dice y destaca el apoyo de las directivas de su escuela. Tanto como el acompañamiento permanente de la supervisora Ana Cao.

En la asignatura "está en juego la expresión de los chicos, vuelcan todo lo que saben. Aquí les damos herramientas para que lo que hacen les guste, quede lindo, resulte placentero mirarlo".

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Ir y venir del salón de plástica

La Escuela 1.162 Pedro Arias está en Rodríguez al 3700, en un barrio de familias trabajadoras, donde los problemas de todo tipo son cotidianos. "A pesar de todas las dificultades, aquí encontré mi lugar", confiesa María Cecilia, quien además es licenciada en bellas artes (UNR).

Reconoce que para sostener esa pasión y ganas hay que trabajar y comprometerse mucho. Recuerda el día que se trajeron con el profesor de música uno tablones de los almacenes que la EPE tiene en la zona, que ahora ofician de mesas en el salón de plástica. "Es mi trabajo, lo disfruto y cuando se hace disfrutando se transmite". En su visión no hay lugar para el "no se puede" o "con estos chicos es imposible". "Acá está la muestra. Hay que poner el cuerpo, engancharse para enganchar a los chicos. Si no amás tu trabajo sos una amargada", recomienda.

Quien se define una admiradora de la obra de Antonio Berni, considera que "los chicos no son para tenerlos sentados todo el día en el aula. Hay que aprovechar ese dinamismo, ese del que otros dicen que «son dispersos». No! Son chicos así, ellos picotean aquí y allá. Van y vienen del salón de plástica".

Desde el patio se escucha la canción de Aurora y las estrofas del Himno. Es el día de la entrega de diplomas del nivel inicial. Hay fiesta entre chicos, familias y maestras. María Cecilia habla del clima de convivencia que se crea con un proyecto común de trabajo y una vez más subraya el sentido colectivo de lo emprendido: "Todo se comparte. Todo lo plasmado es para el bien de la escuela, para que sea más agradable el espacio que habitamos".


Entre libros, dinosaurios y juegos de mesa

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Andrea Alvarellos es la bibliotecaria de la Escuela Pedro Arias. Trabaja codo a codo con la profesora María Cecilia Meneghini y con las demás docentes de grado. “La biblioteca es el alma de la escuela”, define. Llegó a esta escuela en 2011 y se sorprendió cuando encontró con un espacio cerrado al trabajo escolar. Desde entonces se dio la tarea de abrir la biblioteca a todo lo que se enseña y aprende. También a las familias, como pasó hace poco con la muestra de dinosaurios fabricados por los chicos.

Dice que para el área de plástica mucho contribuyen los buenos libros infantiles, como los de arte. “Los libros-álbum son los que más les gustan a los chicos, pero también las diferente versiones de los clásicos. Por ejemplo, primero leemos el clásico de Caperucita Roja y luego otra versión como la de Caperucita desobediente”, grafica. Como el trabajo se piensa integrado, la historia de un personaje fantástico o real puede ser motivador. Como pasó cuando leyeron sobre la vida de Leonardo Da Vinci (la de pintor e inventor) y luego inventaron sus propias máquinas. También se aprovechan los audiovisuales y videos de internet que se ajustan al contenido que se quiere trabajar en un área determinada. Dice que una autora infaltable es María Elena Walsh: se aprovechan sus historias y canciones.

Andrea considera que esa forma de trabajo posiciona en un lugar de privilegio a la biblioteca escolar. “El contacto con la biblioteca los chicos lo aprenden acá. Que no es un lugar en el que hay que estar calladitos y no hacer nada. Hay libros, pero también hay juegos de mesa, vienen a leer y también a jugar. Es un espacio de socialización”. “La biblioteca —continúa— es la piedra angular de la escuela, articula todo el aprendizaje. Más en la primaria que donde se adquiere el hábito de la lectura”.


Tiempo y espacio

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La hora de plástica en la Escuela Primaria 1162 no tiene límites de tiempo y espacio. En el aula de la asignatura se reúnen los trabajos de los chicos. Pero también se exhiben en las puertas de los salones de clases y en los murales producidos en forma colectiva.


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