Educación

Dussel: "La función del filósofo es crear teorí­a para transformar la realidad"

El profesor Enrique Dussel dice que para desarmar los sistemas de dominación hay que pensar desde el lugar del oprimido.

Sábado 02 de Septiembre de 2017

Es fin de semana, el cielo está gris plomo y el día se presta para dormir a pata suelta. A pesar de eso, el salón de actos de la Facultad de Humanidades y Artes rebosa de gente y en poco tiempo, el pasillo termina por desdibujarse de la cantidad de sillas que ingresan. Los más jóvenes se sientan en el piso y no falta quien encara la tarima del mismísimo escenario. Cuando ya no se puede más de gente, se abre una de las ventanas y el público no duda y se cuelga como racimos. De a poco las voces de la multitud se van apagando y se convierten en un aplauso cerrado que ovaciona al invitado como si fuera una estrella de rock. Los honores son para el hombre de barba y cabellos blancos que ingresa al recinto con su portafolios y tres libros bajo el brazo. Desde atrás de sus lentes, el visitante mira al público y sonríe, el que saluda es el filósofo de los pueblos del sur, Enrique Dussel, un referente indiscutido de la filosofía de la liberación. El historiador y teólogo mendocino que en 1973 sufrió un atentado con bomba en su casa. El profesor que en el '76 se tuvo exiliar a México luego de que la dictadura cívico militar lo echara de la Universidad Nacional de Cuyo y prohibiera la lectura de sus libros.

El hombre se reencuentra con su país y "ante este público la emoción lo invade a uno", dice. Durante casi tres horas Dussel conversará con la audiencia y a la manera de un rizoma, no parará de abrir ventanas, una fecha lo llevará a un viaje, luego a la cita textual de un libro, irá de Oriente a Occidente, de Atenas a Brasil, la multitud se encanta y el profesor, a sus 83 años, se ríe de sí mismo por lo "larguero" y se mueve a sus anchas por el laberinto de su sabiduría. La visita de Dussel, que incluye la entrega del título de doctor Honoris Causa, forma parte de las actividades académicas que organiza la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario para festejar sus 70 años, y cuando lo presenta José Goity, decano de esa casa de altos estudios, no vacila: "La figura de Enrique Dussel, como un gran interpelador de la sociedad, como un incentivador del espíritu crítico y militante, es una síntesis casi perfecta de lo que queremos ser y de lo que fuimos como universidad".

Un viaje hacia el no ser

De pie frente al público, Dussel se dirige "a los estudiantes que son el futuro" y casi como una lección de vida les manifiesta: "La filosofía no piensa la filosofía, piensa la realidad porque surge de la realidad. Si no puedo explicar lo que pasa a la salida de la facultad soy un mal filósofo" y con la frase abre el diálogo e invita a reflexionar en torno a la filosofía de la liberación. A los más jóvenes, que quizás no conocen su historia, el profesor les revela que empezó a preguntarse por Latinoamérica cuando se fue a conocer las mieles de Europa al terminar su carrera en 1957. "Tomé un barco y lo primero que pasó es que llegué a Montevideo, nunca había estado ahí. De ese lugar no sabía nada. Sabía de París, de Berlín, Atenas, de los filósofos (Friedrich) Hegel, (Immanuel) Kant, sabía griego, latín, pero no sabía nada de Montevideo. El barco siguió y a los días llegamos a Santos (Brasil). Había negros, yo no había visto casi a ninguno en mi vida. Me dije a mí mismo «esto está interesante, pero cada vez voy entendiendo más mi ignorancia» y para cuando llegamos a Río de Janeiro ya me empezó a entrar una preocupación y rabia: «No conozco América latina, nada». Entonces me pregunté: «¿Qué significa ser latinoamericano?»".

El cuestionamiento llegó hasta pensar qué significa ser y existir en un mundo que adoptó la versión europea de la historia y, para graficarlo, el profesor retoma la definición del ser, del filósofo Parménides: "El ser es y el no ser, no es. Obvio, algunos dirán, tan obvio que no sé para que se enuncia. Pero la cosa era distinta. El ser es griego y el no ser son los bárbaros, los africanos, los asiáticos. En ese viaje me descubrí como no ser, como latinoamericano".

El debate se instala entonces en la formación académica y en la procedencia de los contenidos que se nos presentan como si fueran universales. "Nuestras élites y nuestros colegios de filosofía, nuestras facultades en gran parte son coloniales, son eurocéntricas", opina Dussel y como prueba señala que muchas veces sin darnos cuenta pensamos nuestras propias realidades mirando a Europa o a Estados Unidos. "Había que enseñar a pensar desde nosotros, cambiar la concepción de la historia, rehacer todo", dice y recuerda cuando a principios de los '70 se juntaba con sus colegas en Santa Rosa de Calamuchita para pensar la realidad desde América latina, desde el no ser, desde la exterioridad. "De ahí surge la idea de una filosofía nuestra" porque la función del filósofo, dirá más tarde en una rueda de prensa, "es crear teoría para transformar la realidad. El pensamiento teórico tiene que surgir de lo real, de los seres humanos dominados y mostrando la lógica de la dominación, la víctima toma conciencia de que es víctima y puede empezar a actuar".

Ante un auditorio repleto, Dussel propone una mirada local y ejemplifica: "La hipótesis es muy simple, el lugar de enunciación es situarse en el lugar del pobre y desde ahí hacer un diagnóstico de las patologías del Estado. Hay que situarse no en el centro de Rosario sino en la periferia y desde ahí ver la ciudad, no desde las calles centrales que muestran a los turistas sino desde el otro lado, desde la negatividad. Situado desde ahí, yo veo las cosas muy distintas, ya no veo una ciudad tan bonita. Ahí se ve la negatividad y pensar esa negatividad, es desarmar el sistema".

Situarse en la mujer

Afuera se hizo de noche pero en el salón de actos de Humanidades nadie parece enterarse. Hay hombres que pintan canas, mujeres adultas y también está la camada más joven de la facultad, todos siguen la charla atentamente. La conversación se extiende por casi tres horas y en el medio aparecen las preguntas que tienen respuestas largas. "Es un problema darme el micrófono a mí, ustedes ven la capacidad que tengo de abrir mil caminos", bromea el profesor con su público.

Contundente, Dussel asegura que "donde hay un oprimido, va a ser necesaria una filosofía de la liberación y eso es en todos los niveles del negado ¿Y cuál negado? Todos", dice y con la frase abre un capítulo para reflexionar sobre el feminismo.

"Nadie describió tan bien el machismo como Freud", dispara y enciende la polémica. "Freud dice que la sexualidad es por naturaleza masculina. El mundo machista es constituido por un ego fálico y en ese mundo, la mujer se descubre castrada, la mujer no es falo y por tanto, no es. ¿Cómo empieza la filosofía de la liberación? Me tengo que situar en la mujer que guarda exterioridad de ese machismo. La mujer es una positividad en su mundo, que se define desde ella y entonces se opone a la castración y al sistema y crea uno nuevo. Esos acuerdos feministas están en contra de los machistas y entonces ahora surgen dos acuerdos. El primero, se descubre por primera vez como un consenso dominador y el segundo ahora, es un consenso crítico. Eso es filosofía de la liberación", asegura.

Cuando la charla termina, Dussel queda retenido en el escenario por el cariño del público. Los asistentes se amontonan para pedirle autógrafos y sacarse la selfie. El salón de actos tarda largo rato en despejarse, el intercambio de ideas continúa y sale a la calle para circular por la ciudad.

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