Sábado 06 de Julio de 2019
El video de YouTube dura apenas 5 minutos y ya tiene más de 65 mil visitas. En realidad es el audio de un fragmento que leyó en su programa La Venganza será terrible sobre James Matthew Barrie, el novelista y dramaturgo británico creador del clásico Peter Pan. Lo ideal es escuchar el relato que hace el Negro.
Allí cuenta que en una biografía que Barrie hizo sobre su madre, escribió una frase reveladora de toda su literatura: "El horror de mi infancia es que yo sabía que se acercaba el tiempo en que debería renunciar a mis juegos y eso me parecía intolerable. Resolví seguir jugando en secreto". El autor murió a los 77 años, en 1937.
La cita de Barry es recogida por Dolina para contestarle a una oyente que, con el propósito de insultarlo, le dijo al Negro que se parecía a Peter Pan, el personaje que en una de sus frases más recordadas dijo: "Los niños de hoy en día saben tantas cosas que dejan pronto de creer en las hadas".
Con la erudición y gracia que lo caracteriza, Dolina le contesta leyendo un texto sobre el valor del juego en un mundo atravesado por la tentación permanente del "progreso personal, el ingreso a los circuitos del consumo y con la plena posesión de los derechos de la adultez". Es en ese mundo donde Dolina advierte que se fomenta la precocidad y donde muchas veces se empuja a los niños y niñas a vivir situaciones adultas, como "tener deseos sexuales y ansias de posesión", explica el autor de Crónicas del Ángel Gris.
"O quizás —agrega irónico Dolina sobre esos rasgos de la adultez— adquirir cierto aplomo mundano que permite usar palabras tales como igualmente, saludos por su casa o muy amable de su parte. Bueno, a todo esto contesto que para ser un imbécil no hay apuro. La precocidad de un niño pianista es admirable. La precocidad de un miserable que aprendió demasiado pronto los riesgos de prestar libros es basura".
Es entonces cuando Dolina advierte que el mundo exige abandonar los juegos y "progresar". Y que los que se quedan jugando reciben desprecio y burla. "Por eso hay quienes como Sir James Barrie, el autor de Peter Pan, que han resuelto seguir jugando en secreto".
"Hay personas —dice Dolina—que sin que nadie lo sepa recorren las calles y juegan. No pisan las baldosas azules para no matar ángeles, y si las rojas para matar demonios. O juegan a que morirán si se cruzan con una rubia en la siguiente cuadra. O gritan en los zaguanes, o pisan las hojas secas para deleitarse con el crujido. Pero no nos engañemos. Estamos hablando de otra cosa, no de mera afición lúdica. Se trata de seguir en secreto profesando una moral heroica. De seguir creyendo. De creer no con la estupidez de los mamertos, sino con la locura de los que jamás podrán aprender a acomodarse en un universo burgués de mezquindad, de seguros contra robos y de electrodomésticos como parámetros de dicha".
"James Barrie no quería crecer. Peter Pan no quería crecer. No querían crecer en el peor de los sentidos. No querían esa mediocre resignación que algunos llaman madurez", dice Dolina. Explica entonces que en su programa han resuelto "seguir jugando en secreto": "Jugamos a que un buen verso salva una vida. Jugamos a que el amor es más importante que la prosperidad. Jugamos a pensar, a enloquecernos con un acorde. Jugamos a creer que lo mejor de la vida todavía no sucedió. Claro que allí están las personas razonables que nos desprecian y nos dicen Peter Pan. Y se ríen de nuestros juegos y de nuestros sueños. Para ellos es todo el mundo. El mundo de los adultos y de los burgueses. El mundo de la televisión. El mundo de los concursos o el del rating tampoco es el mundo de los juegos. Porque los juegos, el sueño secreto de la juventud, es cosa de gente seria".
En El libro del fantasma, Dolina invita: "Salgamos de una vez. Salgamos a buscar camorra, a defender causas nobles, a recobrar tiempos olvidados, a despilfarrar lo que hemos ahorrado, a luchar por amores imposibles. A que nos peguen, a que nos derroten, a que nos traicionen. Cualquier cosa es preferible a esa mediocridad eficiente, a esa miserable resignación que algunos llaman madurez.