Educación

¿Cómo trazar puentes para comprender este presente?

El cruel asesinato de Rafael Nahuel se suma a la lista de crímenes perpetrados.

Sábado 02 de Diciembre de 2017

En la Argentina, el Movimiento de Derechos Humanos logró imponer una agenda de demandas en la inmediata posdictadura. Gracias a la lucha de los organismos, encabezada principalmente por Madres de Plaza de Mayo, con sus consignas de "Aparición con vida" y "Juicio y castigo a los culpables", sumadas al pedido de no repetición, se configuró lo que luego se conocería como el emblema de "Memoria, verdad y justicia". La escuela y los docentes hemos cumplido un rol fundamental en la transmisión de ese legado.

Pero en los últimos días, el cruel asesinato de Rafael Nahuel viene a sumarse a una larga y lamentable lista de crímenes perpetrados por las fuerzas de seguridad del Estado y a recordarnos que esas consignas deben ser restablecidas porque han sido socavadas.

Todo crimen es la negación de uno o más derechos de la persona. Mientras ese crimen quede impune se confirma que la víctima no tenía esos derechos, que quien se los arrebató tenía razón. La única manera de restablecer el derecho de la víctima es negar la negación de la que ese derecho ha sido objeto. La única manera de restablecer los lazos de convivencia es con Justicia. Por eso el reclamo de Justicia por los crímenes de lesa humanidad, que se ha mantenido vivo a pesar de los años de impunidad, hoy debe trasladarse a estos nuevos crímenes cometidos por las fuerzas de seguridad del Estado. La escuela está inmersa en ese debate y la justicia es uno de los pilares con los que enseñamos a construir una sociedad más democrática.

Sin embargo, tampoco es suficiente. Hace unos años ya decíamos que esta democracia lograría ser plena cuando haya logrado restaurar lo que la última dictadura destruyó: una ética de vivir juntos basada en la tolerancia y en el respeto por los derechos humanos. Rafael Nahuel nos demuestra, otra vez, que no lo logramos.

Herramienta esencial

El concepto de derechos humanos se hizo vivencia histórica desde la más brutal y sistemática práctica de violación de los atributos que nos definen como personas. La lucha por los derechos humanos, que llevó a recuperar y defender la democracia y que sigue denunciando los crímenes cometidos desde el Estado, se debe dar también en un espacio menos conocido: el de la necesidad de reconstrucción de los lazos sociales rotos por el terrorismo de Estado que sufrió la sociedad argentina. Una mirada a la sociedad desde los derechos humanos se convierte en una herramienta esencial para avanzar hacia un "reencuentro social".

Desde este punto de vista, entonces, los derechos humanos son el resultado de un conjunto de procesos sociales, económicos, normativos, políticos y culturales que abren y consolidan espacios de lucha por una particular concepción de la dignidad humana. Son, al mismo tiempo, un ejercicio político, una toma de posición, una estrategia y un acto de resistencia.

Las políticas económicas neoliberales, sobre todo en la década del '90, y los efectos negativos de la denominada globalización produjeron un decrecimiento notable y profundo del goce de los derechos económicos y sociales. Las generaciones presentes se encuentran menos escolarizadas, menos saludables y con menos trabajo. Al decrecimiento cuantitativo se ha agregado una merma considerable en la calidad de los servicios esenciales del Estado, principalmente salud y educación, adoptando el desagradable concepto de "excluidos" para referirse a las personas que no tienen posibilidades de acceder a los bienes y servicios esenciales ni al mercado de trabajo.

Es necesario en la Argentina de hoy pensar de qué manera nos referimos a los demás y los clasificamos y estereotipamos. Desde los medios de comunicación masivos, se presenta a la combinación de pobreza y juventud como dos factores de peligrosidad. En poco tiempo, pasamos de la discusión sobre la baja de la "edad de imputabilidad" a esta cacería deliberada contra los jóvenes. La categoría de "excluidos" recuerda a la clasificación de los ciudadanos con la cual comenzaron los regímenes dictatoriales, cuando empieza a realizarse en la sociedad una distinción entre "nosotros y ellos". Terroristas, subversivos, negros, pobres, y ahora también mapuches.

Reconstruir vínculos

La necesidad de una reconstrucción de los vínculos sociales es imperiosa y urgente. Mientras existan estos relatos justificacionistas no podremos restablecer esos vínculos. Walter Benjamín decía que el vencido es doblemente derrotado en la historia: su primer derrota, la del cuerpo, la derrota fáctica, la del campo de batalla, quizás sea mucho menor, porque hay derrotas que son triunfos históricos; pero hay otra derrota, mucho más dura, la derrota del olvido. Porque la escritura de la derrota, como historia, queda en manos de los vencedores. No hay memoria, no hay presente, no hay futuro, en la medida en que esas voces sean olvidadas y no logren atravesar el silencio de esa doble derrota.

Los docentes tenemos un rol fundamental en esta construcción. Debemos trazar puentes entre lo que enseñamos y lo que vivenciamos como sociedad. Se trata de defender una práctica profesional en un marco democrático y con un sentido emancipatorio. El respeto por los derechos humanos será una consigna vacía si no logramos generar conciencia para detener esta cacería. De lo contrario, habremos fallado como sociedad, y esta vez, ya nadie podrá argumentar que no sabía.

(*) Docente de la UNR, Eempas y escuelas secundarias de Rosario.

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