Educación

Chicha Mariani, las Abuelas y una pedagogía basada en el amor

Esta semana falleció una de las fundadoras de Abuelas, docente de profesión. Su legado para las nuevas generaciones.

Sábado 25 de Agosto de 2018

Ese mediodía de noviembre de 1976 Chicha Mariani volvió contenta de la escuela porque, como todos los miércoles, le tocaba cuidar a su nieta. Chicha tenía 53 años y daba clases en el Liceo Víctor Mercante, perteneciente a la Universidad Nacional de La Plata. Dicen que estaba particularmente ansiosa, porque quería terminar la batita que estaba tejiendo para Clara Anahí, su nieta de tan sólo tres meses de vida, hija de Daniel (su hijo apodado Posky) y de Diana Teruggi, que cuando era nena había sido su alumna. Pero los minutos pasaban y su nuera con Clarita no aparecían. A las 13.15 sintió el estallido de la primera bomba, después otra y otra. Tiros, sirenas, explosiones y un incesante desfile de camiones y tanques del Ejército frente a su casa de La Plata. Las balas y las sirenas se escuchaban de lejos. Diana y Clara nunca llegaron y la batita quedó ahí, a punto de terminar. Después supo que el terremoto de balas venían de la casa de la calle 30 donde vivía Posky con Diana y Clarita, donde además funcionaba un criadero de conejos y una imprenta de la organización Montoneros. Doscientos efectivos de las fuerzas de seguridad al mando de Guillermo Suárez Mason, Ramón Camps y Miguel Etchecolatz cercaron y abatieron a un grupo de militantes, entre ellos a su nuera. Daniel logró escapar y fue asesinado un año más tarde. Pero esa tarde de noviembre en la calle 30 los vecinos dicen que los soldados salieron de la casa con una criatura envuelta en una manta. Era Clara Anahí. Chicha y la beba se entendían con la mirada. Tenían una conexión especial, pero se pudieron disfrutar poco. Como diría tiempo después la propia Chicha, ese 24 de noviembre de 1976 a su nieta "se la robó la rapiña".

María Isabel Chorobik de Mariani, la entrañable Chicha Mariani, falleció el pasado de 20 de agosto. Fue una de las doce fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo y durante 42 años buscó sin pausa a su nieta Clara Anahí y los casi 400 chicos y chicas apropiados durante la dictadura, hoy ya adultos, que aún faltan encontrar. Fue la segunda presidenta de Abuelas hasta que se alejó del organismo en 1989. Siete años más tarde fundó la Asociación Anahí, un espacio para "promover, sostener y defender la plena vigencia de los derechos humanos".

Los sueños

"Clara Anahí en algún lado está y la vamos a seguir buscando", prometió esta semana Estela de Carlotto, actual presidenta de Abuelas. Y recordó a Chicha Mariani como una compañera "de viajes, luchas y sueños". Sus hijos se conocían de la militancia y de hecho fue Laura Carlotto quien en agosto de 1977 le avisó por teléfono a Chicha que su hijo Daniel había sido asesinado. En noviembre de 1982, Chicha y Estela viajaron juntas a los Estados Unidos y se contactaron con un científico argentino exiliado en Nueva York. Querían sortear el escollo de poder corroborar científicamente el parentezco de los nietos sin tener la información genética de sus padres desaparecidos. Así nació el "índice de abuelidad", germen de lo que luego sería el Banco Nacional de Datos Genéticos, donde se guardan los perfiles genéticos de familiares que buscan a sus nietos apropiados por el Terrorismo de Estado, así como de los de todos aquellos que sospechan ser hijas e hijos de desaparecidos y dejaron su muestra de sangre.

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Como la historia de Estela de Carlotto, Chicha debió dejar la escuela, donde coordinaba el Departamento de Estética, para enfocar su vida en la búsqueda de su nieta. Disfrutaba con el arte y la docencia, pero desde hacía un tiempo venía pensando en la jubilación, sobre todo desde los años previos al golpe, cuando temblaba cada vez que abría un diario y encontraba el nombre de un ex alumno entre las víctimas asesinadas por la Triple A. Cuando llegó el 24 de marzo del 76 pensó que el derramamiento de sangre iba a parar, no imaginaba lo que iba a venir. El libro Chicha, de Juan Martín Ramos Padilla, cuenta que el Liceo Víctor Mercante estaba catalogado por los represores como "un foco de subversión" y que al final la dictadura se estima que de esa institución desaparecieron 48 estudiantes, además de otras víctimas entre profesores y no docentes. Cuando Chicha tuvo que hacer la denuncia de un robo en la policía de La Plata y mencionó que era profesora en la Víctor Mercante, el uniformado le dijo en tono burlón: "Ah, en el semillero de los delincuentes subversivos. Ahí se están muriendo todos, están terminando con todos ¿Así que usted enseña ahí?". Ella le contestó: "¡No se equivoque, no son subversivos, simplemente son chicos pensantes!".

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Pedagogía del amor

Cárceles, hospitales, hogares de huérfanos. Tanto en dictadura como en democracia, las Abuelas levantaron cada piedra en el camino para buscar alguna huella que les permita recuperar a sus nietas y nietos robados. Pero también dan testimonio de esa lucha en cada jardín, escuela y universidad donde se las invita, poniéndole nombre y rostro a esa búsqueda.

"El legado de Chicha es el mismo que el del resto de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo: el hecho de haber sabido transformar una experiencia de vida enormemente dolorosa como la pérdida de un hijo, en algo que motiva la fuerza, la búsqueda, la resistencia y en no ceder a ese dolor que a uno lo puede destruir", reflexiona Iván Fina, psicólogo e integrante de la filial rosarina de Abuelas de Plaza de Mayo.

Es que como destaca Fina, las Abuelas tuvieron que inventar una práctica política y de búsqueda, porque el horror de la apropiación de bebés y niños no reconocía antecedentes en la historia. Crear un modo de lucha donde no existía nada. Y pese a algunas decepciones, confiando siempre en la Justicia como forma de respetar las instituciones.

Pero en esa tarea las Abuelas, al igual de las Madres, se apoyaron en una pedagogía de la búsqueda basada en el cariño, la escucha y el compromiso. "Instalaron una práctica política donde el amor ocupa un lugar muy importante. El cariño en el modo de transmitir y el respeto son características fundamentales de esa pedagogía", destaca Fina.

Con respecto a la escucha, recuerda que las Abuelas siempre estuvieron atentas a cómo, con el paso del tiempo, la sensibilidad propia de cada momento respecto de la búsqueda de los nietos y nietas se iba modificando en la sociedad. Como cuando a mediados de la década del 80 se hicieron eco de lo que circulaba en la sociedad respecto del posible trauma de sacar de sus familias a los chicos encontrados, incluso los que vivían con sus apropiadores. Fina recuerda que ante ese hecho el organismo hizo hincapié en la producción de actividades, bibliografía y hasta consultas con psicólogos para no arriesgarse a someter a los chicos a una nueva experiencia traumática. "Esto en su momento lo consideraron posible, se preguntaron si lo que estaban haciendo estaba bien o mal. Lógicamente eso dio como saldo lo que sabemos: que por más traumático que sea el momento de la restitución no se equipara al trauma de la apropiación. Pero eso da cuenta cómo un argumento, que podía ser hiriente, las Abuelas lo tomaron, lo escucharon y produjeron saber".

"Las Abuelas instalaron una práctica política donde el amor ocupa un lugar muy importante, además del cariño en el modo de transmitir"

Colectivizar el dolor

La muerte de Chicha Mariani se suma a las pérdidas de otras referentes históricas de los derechos humanos. En Rosario en mayo pasado falleció Norma de Vermeulen y en junio murió Elsa "Chiche" Massa, ambas integrantes de Madres de la Plaza 25 de Mayo de la ciudad. "Esto es algo que me apena mucho —apunta Iván Fina— sobre todo más allá de la edad, está la crónica diaria y los acontecimientos de esta época que no tengo dudas que las venía afectando un montón".

"No me queda mucho tiempo y, si bien no soy una revolucionaria ni mucho menos, me hubiera gustado ver un presidente que hiciera las cosas de otra manera, sin restricciones que ahoguen a la gente. (...) En materia de derechos humanos, este gobierno va a querer tapar todo. Va a meterles una palada de tierra encima", dijo Chicha a la revista La Garganta Poderosa en marzo de 2016.

Por eso cobra importancia el legado pedagógico que sembraron los organismos de derechos humanos, que para el integrante de Abuelas Rosario "es un laburo fundamental para entender que lo que sucedió en la dictadura, el genocidio de esa época nos afectó a todos los argentinos".

Sobre este punto, resalta que tanto Madres como Abuelas hicieron desde el primer momento una "colectivización de ese dolor, donde los hijos desaparecidos eran de todas las Madres y los nietos que buscamos en Abuelas son de todas las abuelas, son nuestros hermanos". Una idea de colectividad que para Iván Fina busca que todos los argentinos se sientan convocados a involucrarse: "La cuestión pedagógica apunta en primer lugar a eso, a concientizar a quienes escuchan lo que pasó y a pensar en la cuestión generacional, en formar a las nuevas generaciones en una educación basada en derechos y que nunca más se vuelvan a permitir instancias tan dolorosas como el genocidio de los 70".

La foto que acompaña este nota fue la contratapa de la edición de marzo de 2016 de La Garganta Poderosa. Ese día una enjambre de chicos de distintos barrios de Buenos Aires se subió a un colectivo y fueron a visitar a Chicha. Los besó y abrazó a cada uno. Hacía poquito de la falsa noticia de la aparición de Clara Anahí y la desilusión le había golpeado fuerte. Por eso los pibes y pibas le regalaron un afiche con un pañuelo grande y la leyenda: "Todos somos tus nietos".


>>> "Aunque el mundo termine mañana, yo plantaré mi manzano"

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"Yo me equivoqué varias veces siguiendo caminos, pero vivo con esperanza. No me puedo dar el permiso de morirme, tengo que encontrar a mi nieta", dijo Chicha Mariani en septiembre de 2006, cuando declaró en el juicio contra Miguel Etchecolatz, uno de los represores que encabezó el operativo que acabó con la vida de su nuera Diana Teruggi y que terminó con el secuestro de su nieta Clara Anahí, aún desaparecida. El testimonio forma parte del video con la entrevista que Ana Cacopardo le hizo a Chicha para el ciclo Historias Debidas que se emitió por Canal Encuentro.

Mientras la abuela declara en el juicio, Etchecolatz sostiene un rosario en la mano. Ella ve el gesto y le pide "que en vez de rezar, alivie su conciencia diciendo dónde está Clara Anahí, porque él sabe que mataron a Diana por su orden o con su mano".

En la nota, la abuela Chicha dice: "Tengo la seguridad que otros van a seguir buscándola". Y cuenta que adoptó como lema para su vida una frase de Martin Luther King: "Aunque el mundo se termine mañana, yo plantaré mi manzano".

Chicha Mariani Manzano


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