Educación

Burocracia en la escuela

Cuando en aras del papelerío y la presión de la normativa se pierde calidad en el trabajo educativo.

Sábado 25 de Noviembre de 2017

Alguien ha definido la burocracia como el arte de convertir lo fácil en difícil por medio de lo inútil. Cada día se hace más presente, más intensa, más compleja y más abrumadora la burocracia en la escuela. Cada día se incrementa la presión de la normativa, como exigencia jerárquica de la autoridad educativa (o des-educativa, según se mire). Esa situación me preocupa por varias razones.

En primer lugar porque supone una pérdida de la calidad de la acción educativa, en aras del papeleo. En lugar de dedicar el tiempo a las personas, a la interacción, a la escucha, a la observación, a la intervención educativa, a la reflexión, al debate, a la innovación, se dedica a los papeles, a los ordenadores, a las estadísticas, a los números, a los informes.

En segundo lugar porque genera una sensación de aburrimiento, de inoperancia, de hastío y de irritación, en quien tiene que dedicarse a ella de forma coercitiva. Digo de forma coercitiva porque la creciente presencia de ese tipo de tareas no es el fruto del deseo del profesorado de realizar esas actividades o de la convicción sobre su necesidad. Los docentes, en general, no quieren hacer ese tipo de tareas. No se sienten burócratas, se sienten educadores. Sencillamente, padecen la burocracia como un imperativo legal. No es que no quieran trabajar, es que quieren hacer otras cosas.

En tercer lugar por la perversa sensación de que lo que no está reflejado en los papeles o en los informes de ordenador no existe. Si no se registra es como si no hubiera sucedido. Parece que lo único que importa es que esté reflejado en un documento. Y así, de una reunión, lo más importante es que se deje constancia en un acta de lo sucedido más que lo que realmente ha sucedido. He visto evaluaciones de instituciones educativas en las que las principales preocupaciones de los evaluadores eran cuestiones formales: ¿Se levanta acta de las reuniones? ¿Están las escritas las programaciones? ¿Tienen la memoria debidamente registrada??

Con un agravante: del documento lo que importa es la parte formal, no el contenido del escrito. Lo que verdaderamente importa es la estructura, el casillero bien rellenado, las partes perfectamente cumplimentadas... No el contenido de lo que dice sino la forma en que se presenta.

En cuarto lugar porque, a fuerza de recibir tantas prescripciones sobre lo que hay que hacer y sobre el registro de lo que se ha hecho, las personas acaban por pensar que ellas no tienen que pensar nada. Ya piensan otros y otras por ellos y ellas. Otros que, al parecer son quienes saben lo que hay que hacer.

Del Proyecto Educativo (en adelante PE) lo que importa es el documento formal; si existe, qué partes tiene, si se aprobó formalmente en una reunión del Consejo Escolar... Pero no importa tanto si ha habido auténtica participación en su elaboración, debate, aprobación y desarrollo.

Una actividad, cuya realización surge durante el curso, pero que no fue aprobada en el PE, no puede hacerse. No se discute si es buena o mala, si es conveniente o desaconsejable, si es altamente educativa o una pérdida de tiempo. Lo único que hay que comprobar es si está formalmente programada en el PE.

De una reunión importa si fue convocada en tiempo y hora, no si es auténticamente democrática, si acude quien quiere y porque quiere, si habla libremente y si lo que dice es enriquecedor.

Me he preguntado muchas veces el porqué de este fenómeno, Porque se trata de un fenómeno que tiene carácter jerárquico. Es decir, obedece a normativas cada vez más exigentes y minuciosas. El profesor se convierte en un ejecutor de normativas.

Me imagino este mismo fenómeno en el área de la salud. Y al cirujano con un ojo en el bisturí y otro en la normativa que le dice cómo manejarlo. Por Dios, él es el profesional. El burócrata es un intruso. Lo que tiene que hacer el poder es darle la formación, las condiciones y los medios necesarios.

Creo que hay que hacer algo para detener esta oleada de prescripciones y de formalidades inútiles. Y considero que lo primero es someter esa hipertrofia de lo burocrático al debate de la comunidad educativa. ¿Es buena? ¿Es mala? Lo segundo es trasladar al legislador la opinión de la comunidad. Y, en la medida de lo posible, discutirla y debatirla con argumentos sólidos. Lo tercero que hay que hacer, a mi juicio, si el diálogo no prospera y la conclusión a la que se ha llegado es que se trata de una perversión, es negarse a realizar esas exigencias. Y ya está. Sí, negarse. Porque esa postura no perjudica a la escuela, no es negativa para los alumnos y las alumnas. Ni para la acción educativa y su riqueza. Ese rechazo sería un ejemplo de participación democrática.

Si nadie hubiera protestado, si nadie se hubiera negado a hacer lo que le mandaban, seguiríamos con esclavos en la construcción de viviendas como sucedía en el tiempo de construcción de las pirámides.

Tengo una cuñada maestra que es un ejemplo de lo que debe ser una maestra. Ama su profesión. Se desvive por sus alumnos/as, se forma de manera continua para ofrecer lo mejor de sí. Y me dice que se jubilará anticipadamente porque no soporta el nivel de burocracia al que tiene que hacer frente. Es muy triste. Es muy indignante. Porque quien desanima a esta excelente profesional no es alguien ajeno ni un enemigo de la educación, es la autoridad que tiene el deber de velar por su motivación y por su desarrollo profesional.

También habrá quien disfrute con la burocracia. Porque le sirve de excusa para no hacer otras actividades más complejas, más ricas, más intensas educativamente. Se parapetan detrás de los papeles. Hay directores que se especializan en la minucia: la firma está muy a la izquierda, se le ha olvidado un dato, no ha puesto la fecha en este documento... Porque no saben o no quieren hacer otras cosas más comprometidas.

Creo que esa obsesión por la burocracia en quienes mandan obedece a una desconfianza de base respecto a quienes trabajan. Puesto que no lo saben hacer, expliquémoselo. Puesto que no lo quieren hacer, mandémoselo. Obedece también al deseo de justificar el sueldo que ganan. Tienen que demostrar que han hecho los deberes.

Con algunas autoridades pasa lo mismo que con los libros de las bibliotecas: los más inútiles son los que están más altos. No hay diálogo alguno sobre la carga burocrática. Solo quejas interminables. Se impone independientemente de cómo se recibe y de qué estragos causa. No es fruto nunca del diálogo entre administradores y administrados. La crítica ascendente está cortocircuitada.

Los mecanismos burocráticos son insaciables, Nunca están satisfechos los burócratas. Tienen el síndrome del "documento que no está" o del "dato que falta en el documento". Maldita burocracia.

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