Educación

Aprendizaje y salud mental en tiempos de pandemia

Cómo lograr aprendizajes saludables en un contexto de imposibilidad de habitar espacios comunes.

Sábado 01 de Agosto de 2020

El 20 de marzo de 2020 se decretaba el inicio del tiempo de aislamiento social y obligatorio a todos los argentinos. La emergencia sanitaria tuvo como repercusión política esta medida que de un día a otro dejaría a cada argentino en su hogar (si es que posee) en pos del cuidado de la salud de la población. El sistema educativo en toda la república no fue la excepción. En cuestión de días, los docentes de los más diversos lugares del país, contextos socioeconómicos - culturales diferentes, debieron reinventar aquello que se viene haciendo desde los orígenes de la escuela: la clase reunida en un salón, la grupalidad, el encuentro de los cuerpos para aprender. ¿Y ahora qué?

   Ese cambio abrupto podría pensarse a nivel social e individual como algo del orden de lo traumático. Silvia Bleichmar entiende el traumatismo como la “insuficiencia de las herramientas para resimbolizar la realidad cuando la subjetividad se ve amenazada por la ruptura de significaciones previas que permitían su aprehensión (...) Traumatismo en relación a los distintos modos con los que la realidad nos produce un impacto que nos desorganiza, dejándonos inertes para operar”. En muy poco tiempo, padres y madres se han visto imposibilitados de trabajar, con las consecuencias que esto tiene a nivel económico, los niños, niñas y adolescentes no han podido asistir a lugares de socialización como el club, reuniones con amigos del barrio o la familia ampliada y la escuela. Los docentes debieron hacer un giro de 180 grados en sus modalidades de enseñanza. Lo cual para un gran porcentaje de ellos no fue fácil, por no tener el conocimiento necesario en cuanto a las TICs (tecnologías de la información y la comunicación), pero además porque como sujetos también vieron amenazadas todas aquellas significaciones de la realidad en cuanto a qué, dónde, cómo se enseña y aprende. Los conceptos de tiempo y espacio se convirtieron en difusos, inciertos, pasando a la lista de conceptos “a repensar”.

   Después de más de cien días desde aquella medida, el sistema educativo continúa en esta modalidad virtual. Tal vez sea un buen momento de pensarnos intramuros de la casa, hogar, habitación, para ver dónde estamos y qué reflexiones podemos construir a partir de lo que nos pasa.

   Luego de todo este tiempo, en el que como docentes pasamos horas, muchas veces más de las que trabajaríamos en forma presencial, comenzamos a sentirnos cansados, en muchos casos con dificultades para conciliar el sueño, se han acrecentado las preocupaciones profesionales por sostener el sistema educativo, pero también por el bienestar personal. La incertidumbre sobre qué vendrá, cómo seguir viviendo y educando en una realidad en la que nada quedó igual, se convierte en una preocupación constante. Pero también podemos preguntarnos: ¿Qué hacemos con esto que sentimos: miedos, ansiedades, preocupaciones, fantasmas? ¿Cómo seguimos juntos si lo primordial es estar aislados? ¿Se puede aprender así, en estas condiciones? La salud física es primordial en este contexto, es una condición necesaria, pero: ¿es suficiente? ¿Qué pasa con nuestra salud mental? Y cuando digo “nuestra”, digo la mía, la de mi entorno, la de mis estudiantes, la de sus familias.

Los docentes debieron hacer un giro de 180 grados en sus modalidades de enseñanza, lo cual para muchos no fue fácil"

   Es por eso que sería importante preguntarse qué se entiende por salud mental en el contexto de una emergencia sanitaria. Emiliano Galende plantea que el objeto de la salud mental “no es de un modo exclusivo el individuo o los conjuntos sociales, sino las relaciones que permiten pensar conjuntamente al individuo y a su comunidad”, lo cual permitiría pensar al sujeto en su red social. Red social de niñas, niños, adolescentes y también docentes. Cuando hablamos de salud mental entonces, referimos a la comprensión de los lazos sociales deseables, implementando determinadas políticas dirigidas a la integración social y comunitaria de los individuos involucrados”.

   Me gustaría también retomar la conceptualización acerca del aprendizaje. Al definir el aprendizaje, Norma Filidoro sostiene que es un proceso “que se da en situación de interacción social con pares y en el que el docente interviene como mediador del saber a enseñar”. Es decir que aprender es parte de un recorrido, un proceso y no un resultado acabado o “productos”. Al referir a la “interacción social”, la autora dice que “no es pensada como exterioridad, sino dentro del proceso de aprendizaje”.

   Teniendo en cuenta los dos conceptos antes desarrollados, podríamos pensar que “lo saludable” y “aquello posible de ser aprendido” tiene su encuentro en el lazo social, en la red vincular en la cual el sujeto deviene con otros y en el caso de los aprendizajes y la escuela, construye además conocimiento en las interacciones con sus pares y docentes. Pero casi inevitablemente vuelvo a preguntarme... ¿Cómo preservar la salud mental y aprendizajes saludables en este contexto de pandemia que exige aislamiento, no presencialidad, y por lo tanto imposibilidad de habitar espacios comunes, jugar con otros involucrando el propio cuerpo?.

La incertidumbre sobre cómo seguir viviendo y educando en una realidad en la que nada quedó igual es una preocupación constante"

   Los pizarrones, tizas, recreos, meriendas compartidas y cuadernos debieron ser reemplazados por pantallas, cuando en el mejor de los casos hay pantallas que utilizar, y en muchos otros casos, los “maestros artesanos” han sabido inventar otros canales para mantener el contacto con sus estudiantes para evitar de algún modo que se ensanche la inequidad generada por la falta de recursos económicos, pero también sociales, geográficos, culturales y garantizar así el derecho a la educación de las infancias y adolescencias. Tal vez una respuesta posible a la pregunta que antes me formulaba, sea la alternativa de lo inédito que puede surgir en medio de lo traumático. Quizás lo inédito venga enlazado de pensar el tiempo de otra manera. Esteban Levin, en el 3º Congreso Nacional “Discapacidad y lazo social” (mayo de 2020) hablaba del concepto de “tercer tiempo” en el cual, lo grupal es el tiempo compartido, no es tuyo ni mío, es con otros, no es ni de acá ni allá, es un entre-tiempo, la ficción, el sin sentido necesario para producir sentido. El autor decía que justamente en ese tercer tiempo se construye el conocimiento, el sentido, es decir, se logra con el amigo, en el encuentro con el otro. Aunque ese otro esté en una pantalla.

   Pero si entre todos los que nos encontramos en esa pantalla jugamos, creamos una ficción en ese tiempo vacío que se va haciendo ahora, vamos creando un sentido, conocimiento, algo que es de nosotros y al mismo tiempo construir otra cosa.

   Levin decía en su conferencia: “Cuando el tiempo se coagula hay sufrimiento, la plasticidad se destruye”. Si el tiempo se detiene, no deviene, se fija en un continuo presente sin la construcción de un pasado, no realiza la memoria, se queda sin el otro. La salida es lo grupal, ese tiempo compartido, ni tuyo ni mío, es con otros, así la memoria se construye en el tiempo, del nosotros.

   Quizás los desafíos de la escuela en tiempos de pandemia sean invitar y “abrir las puertas para ir jugar”, salir al encuentro con otros, aunque sea desde una pantalla o juntándose a escuchar la radio en la que el maestro, la maestra preparó un programa para que sus estudiantes lo puedan sentir cerca aunque sea un ratito, pero que habilite a la construcción de ese tercer tiempo que crea el lazo social, factor vertebrador de la salud mental y aprendizajes.

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