Educación

A cien años de la Reforma Universitaria

El proyecto de educación superior que se quiere y su vínculo con la sociedad que se desea construir.

Sábado 14 de Abril de 2018

La universidad argentina comienza en Córdoba en 1621 con la creación de una institución colonial dirigida por la Compañía de Jesús. Continúa con la creación de la Universidad de Buenos Aires en 1821 y en 1905 con la Universidad Nacional de La Plata. Al momento de la Reforma, solo estas tres instituciones existían en nuestro suelo.

   La tradición política y pedagógica americana relaciona tempranamente educación y proyecto político. La educación que queremos tiene relación con la sociedad que habremos de construir. ¿Qué Universidad corresponde a esa sociedad que pretendemos? Una institución ensimismada, apegada al cumplimiento de las formalidades burocráticas, "una república de profesores", o por el contrario, una institución inclusiva, de alta calidad académica, abierta al pensamiento plural, crítica, situada y que se constituya en motor del desarrollo estratégico de la Nación.

   La Reforma Universitaria fue un acontecimiento de gran importancia en la historia de Argentina y América. El 15 de junio de 1918, cuando los estudiantes tomaron la Casa de Trejo en protesta por la designación del rector Nores Martínez, comenzó a gestarse el "modo argentino" de construir el sistema universitario. Debemos celebrar un sistema universitario extendido, sólido, presente en todas las provincias, con alrededor de 2 millones de estudiantes. Para un país de 44 millones de habitantes, significa que el 4.5 % de su población asiste a la universidad y el 80 % de esos, a una universidad pública.

   Los principios reformistas son conocidos: participación de los estudiantes en el gobierno, junto a profesores y egresados; autonomía, con sus aspectos docentes y administrativos; libre elección de las autoridades; fin de las cátedras heredadas y selección mediante concursos públicos; limitación temporal de los mandatos docentes, libertad de cátedra, cursos paralelos y libre asistencia a clase, entre otros. Sin embargo, uno de los cambios más significativos fue el comienzo de la vida política y electoral regular en las universidades para los estudiantes y sus agrupaciones.

   Posteriormente, en los años del peronismo histórico (1945-1955) se producen importantes decisiones. Las leyes 13.031/47 y 14.297/54, la creación de la Universidad Obrera en 1948 y del Consejo Nacional de Investigaciones Técnicas y Científicas (actual Conicet), y el decreto 29.337/49 que suspende el cobro de aranceles e inaugura la gratuidad en la universidad, derecho que debe ser destacado más que nunca, en tiempos de gobiernos neoliberales que amenazan las conquistas adquiridas. La gratuidad es uno de los tantos hechos históricos hurtados al conocimiento social por la interpretación hegemónica de la historia, que sobre el peronismo ha construido una representación falsa y arbitraria. Para citar solo un ejemplo, aquel movimiento popular que prefería las "alpargatas a los libros", produjo en los diez años aludidos, un significativo incremento de la matrícula universitaria pasando de 40 mil a 140 mil estudiantes.

   Entre 2003 y 2015 se buscó que el acceso a la universidad dejara de ser un privilegio para consolidarse como derecho. Si bien en los años 70 del siglo pasado y en el lapso 1989-2002 hubo aumento del número de universidades, el gran impulso fue desde 2003 con la creación de 19 nuevas universidades nacionales. Esta ampliación, unida a otros factores sociales y económicos, produjo el aumento de la matrícula en un 19,7%; y lo que es más significativo, ya que representa un déficit a resolver, el incremento del número de egresados en un 47% (2006-2015). Además, aumento del presupuesto universitario, Programa de Voluntariado Universitario, de Becas Universitarias, Programa Progresar, primeros Convenios Colectivos de Trabajo, Plan Estratégico de Formación de Ingenieros, Programa de Infraestructura Universitaria , entre otros logros.

   Pero lo que es muy representativo de la igualdad buscada, es la incorporación de jóvenes provenientes de los sectores más carecientes de la sociedad, primeras generaciones de estudiantes en sus familias, ocupando espacios, que históricamente fueron "para otros".

Qué universidad queremos

Como en el mundo avanza la concepción de la educación como mercancía, creemos necesario ratificar los principios y valores de nuestro sistema universitario, construidos en 1918, 1949 y en los últimos años. Hacia mediados de 2018 en Córdoba, cuna de la Reforma, tendrá lugar la Conferencia Regional de Educación Superior, ocasión para presentar el modelo de universidad que proponemos a la sociedad.

   En tiempos de neoliberalismo y regresividad de derechos en nuestro país y en la región, la universidad que queremos debe mejorar los aprendizajes y elevar la tasa de egresos, además del tiempo que demanda la titulación.

   Una universidad comprometida con el desarrollo local, regional y el crecimiento industrial, atenta a la estrecha relación entre educación y trabajo, que aporte al conocimiento social a través de sus investigaciones científico-tecnológicas.

   Una universidad que priorice la transmisión de conocimientos realizada por docentes comprometidos, respetuosos e idóneos, que encarnen la conmovedora frase de Eva Perón cuando decía "que el amor alarga la mirada de la inteligencia".

   Una universidad que sea responsable frente a los ciudadanos y a la sociedad que la sostiene con sus impuestos. Una universidad verdaderamente democrática supone algo más que cumplir formalidades organizativas; la democracia efectiva acepta la soberanía popular y trabaja para el desarrollo nacional, la justa distribución del ingreso y la igualdad de los ciudadanos.

   Una universidad que conozca todas las vertientes del pensamiento, pero que se alimente de nuestra fecunda historia nacional, argentina y latinoamericana.

   Una universidad que forme jóvenes preocupados por las injusticias, con deseos de transformar el mundo y voluntad de comprometerse en acciones solidarias; estudiantes informados, capaces de escuchar, éticos, amantes del diálogo fecundo, protagonistas, democráticos, sencillos. Que se sientan herederos de otras luchas y sueños de sus mayores.

   Una universidad que sostenga un concepto de autonomía al servicio del pueblo; una autonomía en generoso y sincero diálogo con el Estado.

   Discutiendo la universidad, fuimos dibujando la patria que queremos. No será la del individualismo, las jerarquías y los prejuicios, la que consiente la persecución política y el disciplinamiento de trabajadores y jubilados, ni la de la desigualdad y la concentración de la riqueza.

   "Habrá patria para todos o para nadie", decía José Artigas hace 200 años. Eso queremos. Universidad para todos y todas, como soñaron aquellos jóvenes, en Córdoba, cien años atrás.

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