Martes 18 de Noviembre de 2014
La Justicia porteña ordenó investigar si una orangutana alojada en el Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires es víctima de maltrato, pero rechazó un recurso de "habeas corpus" presentado en su favor, porque consideró que sus derechos no pueden ser equiparados a los de un ser humano.
La medida fue dispuesta por la jueza penal de Instrucción Mónica Berdión de Crudo, en el marco de una presentación realizada el jueves por la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (Afada).
La organización había interpuesto un "habeas corpus" a favor del animal, una "orangutana de Sumatra" bautizada con el nombre de Sandra en el zoológico porteño.
La asociación argumentó que el animal está sometido a "privación ilegal de la libertad" y adjuntó fotografías en la que se observa a la orangutana con expresión de miedo y sufrimiento a raíz del encierro y presencia del público que la observa. La jueza penal de instrucción rechazó el recurso de "habeas corpus" al considerar que el animal no puede ser equiparado en sus derechos a los de un ser humano. Sin embargo, dispuso la "extracción de testimonios", es decir el inicio de una nueva investigación, para determinar si hay violación a la ley 14.346, de protección a los animales contra "malos tratos y actos de crueldad". La causa recayó por sorteo en el juzgado en lo correccional número 14, a cargo del juez Fernando Pigni. El juzgado de Berdión de Crudo, asimismo, dio intervención a la Dirección General de Concesiones, ya que el zoológico es un espacio concesionado y se trata de la oficina que debe ejercer el control sobre las actividades que allí se desarrollan. El maltrato animal está penalizado en Argentina por la ley 14.346, sancionada el 27 de septiembre de 1954 y promulgada el 27 de octubre de ese año. La ley penaliza con prisión de 15 días a un año a quien "infligiere malos tratos o hiciere víctima de actos de crueldad a los animales".
En diciembre de 2012 se produjo una polémica sobre el cierre del zoológico de la Ciudad de Buenos Aires, tras la muerte del oso polar Winner a raíz de las altas temperaturas y el ruido de la pirotecnia, que dificultaron su termorregulación.