Miércoles 01 de Septiembre de 2010
El 5 de agosto de 1852, el gobernador Domingo Crespo promulgó la ley que declaró a Rosario como ciudad. En 1886, como consecuencia de una epidemia de cólera, entre otras medidas sanitarias, se instaló la red de aguas corrientes. En 1891 se inauguró el servicio de luz eléctrica en el centro de la ciudad. Y por supuesto en conjunto a todos estos servicios las famosas zanjas pluviales. Hago uso de esta pequeña reseña para que tomemos dimensión de cuánto hace que usamos este recurso en la ciudad y aunque no se crea a pesar del crecimiento y la evolución de la misma hay lugares donde todavía las padecemos. Sí, ahora las padecemos porque es algo que ya cumplió su función (los últimos 150 años). En unos meses se nos viene el calor y con ello las enfermedades y las plagas como mosquitos, dengue, ratas, malos olores, etcétera, que se reproducen y propagan en este tipo de ambiente. Sabemos que la plata del municipio no alcanza para todo, pero este pedido que lleva años es importante para que una de las ciudades con mayor crecimiento y ejemplo ante ojos internacionales sea realmente la mejor para sus laboriosos habitantes.
Federico A. Echeverría
federicoae@hotmail.com