Domingo 27 de Mayo de 2012
Desde el vamos parece una tarea imposible sacar a Hugh Laurie del personaje de "Dr. House" e instalarlo sobre un escenario como un músico de blues. Esto dicho a pesar de su perfil de crooner cincuentón de barba de dos días y gesto entre duro y despreocupado. Por eso, esta extensa entrevista intenta descubrir el lado musical de Laurie, ese que el público rosarino conocerá en vivo el 10 de junio en Metropolitano, cuando el británico llegue para presentar su álbum "Let Them Talk".
El Laurie que dice "Dr. John es mi héroe de toda la vida y fui muy afortunado en tenerlo en mi disco" es el mismo hombre que protagonizó durante ocho temporadas al médico más popular de la TV mundial, tal es así que la serie ingresó al libro Guinness de los récords por alcanzar una audiencia estimada de 81 millones de personas en 61 países.
—Hoy todo el mundo sabe quién es Hugh Laurie, aunque no precisamente por ser un músico de blues, ¿Cómo se convive con esa popularidad?
—Por supuesto que estoy muy agradecido por todo lo que tengo. Es muy satisfactorio ser parte de algo que uno cree que es bueno y que la gente valora. Me siento increíblemente afortunado de vivirlo. Uno no puede hacer un viaje de estos y quejarse de los baches en el camino. Sé que estoy bendecido, especialmente cuando tanta gente se enfrenta a todo tipo de adversidades. Afortunadamente, mi cerebro es tan minúsculo que nunca anticipo nada; no hago planes ni pienso en el futuro. Está claro que tanto tiempo interpretando el mismo personaje marca, pero yo soy el primer sorprendido con lo fantásticas que siguen siendo las historias, incluso después de tantas temporadas donde ya lo daba todo por contado. Sigo maravillado y espero que el público también lo esté.
—¿Cómo y cuándo nace tu romance con el blues, sobre todo teniendo en cuenta que los ingleses han tenido una tradición más fuerte orientada al pop-rock, desde los Beatles a Oasis y Radiohead?
—La música es algo que siempre amé; no me gustaba cuando era un chico y tendría unos 6 años y me obligaban a tomar lecciones de piano. Lo odiaba, lo admito, porque me hacían practicar canciones tediosas y aburridas. Pero llegó un día en que descubrí "Swanee River" y mi profesora no quiso mostrármela por ser música de negros y ahí me rebelé y abandoné mi relación con la formación tradicional. Unos años más tarde, si no me equivoco, habíamos robado el auto en casa, y manejaba mi hermano, que tenía 13. Yo tenía 11 o 12, y sonó Willy Dixon haciendo "I Can't Quit You Baby". Pero lo que sí recuerdo como si fuera hoy es la sensación que tuve en el cuerpo. Fue como un shock eléctrico. Fue una respuesta visceral. "Dios, ¿qué es esta música?", pensé en ese momento. Se me erizaron los pelos en la nuca y en ese momento pensé: "quiero aprender esto, saber cómo funciona y poder expresar las mismas emociones". En esa época, las tapas de los discos traían notas acerca del artista. Así que en mi primer disco, de Muddy Waters, leí sobre Otis Spann. En el de Spann, me enteré de Memphis Slim. Y así fui avanzando, en un proceso que sigue hasta hoy en día.
—¿Qué música se escuchaba en tu casa cuando eras un niño?
—Nunca se me ocurrió escuchar punk o pop. Jamás compré un disco de David Bowie. Ni siquiera recuerdo haber comprado alguno de The Beatles. La excepción son The Rolling Stones, con quienes compartía el interés por las raíces del blues. Algo parecido a lo que me pasaba con grupos como The Yardbirds, o músicos como Eric Clapton o Jeff Beck, quienes, al hablar de sus referentes, de gente como Howlin' Wolf o Elmore James, aumentaron mi curiosidad por ir hacia los pioneros.
—¿Qué te motivó no sólo a grabar un disco sino a salir a mostrarlo en una larga gira mundial?
—Veinte años atrás no me hubiera atrevido. Era demasiado tímido, demasiado nervioso y hasta pesimista. Pero ahora tengo 52 y del sello discográfico vinieron y me dijeron "¿querés hacerlo?" y estaba por responder que no, no estaba listo, y de repente pensé "al diablo, lo voy a hacer, no puedo esperar que se me presente otra oportunidad en esta vida, pues no conozco otra", y uno tiende a arrepentirse de las oportunidades que dejó pasar, entonces ¿por qué no aprovecharla y hacerlo con todo mi corazón...?
—De todos modos, la música te ubica en un plano de menor exposición pública, ¿no?
—La verdad es que la música siempre ha sido parte de mi vida. Especialmente el sonido del blues, no tanto el de New Orleans, más Muddy Waters. Y como muchos otros empecé con la guitarra pero me di cuenta de que son dos tipos de persona: la que busca protagonismo y la que prefiere estar sentado en segundo plano. Y la de estar sentado me ganó mucho. Mi esposa insiste en que no debo ofrecer esto al mundo con tono de disculpas, porque las disculpas cansan, pero también pienso que mucha gente ha muerto en el intento, así que estoy muy consciente de que es como una escena de Indiana Jones, donde uno entra a la selva y a cada lado hay calaveras montadas en palos, que son recordatorios de los que trataron de ir de la actuación a la música antes que uno.
—Es decir que lo ves como haber roto una regla, ¿no?
—Exacto; sé que rompí la regla de oro: los actores deben actuar y los músicos hacer música. No le comprás pescado al dentista o le pedís al plomero consejo financiero, entonces, ¿por qué escuchar a un actor que canta? La respuesta es que no hay respuesta; si te importan el origen y el purismo debes buscar a otra persona porque no tengo nada para ti.
—¿Es una buena experiencia tocar en vivo?
—En realidad, tocar en vivo ha sido al principio la experiencia más terrorífica de mi vida, incluida una caída en paracaídas. Había tocado antes delante de una audiencia, pero un par de canciones. Así que cuando me di cuenta de que tenía que permanecer en el escenario durante dos horas la idea me sobrepasó. Sólo podía pensar en activar la alarma antiincendios y salir de allí, pero una vez que comenzamos fue la experiencia más maravillosa de mi carrera. Y así todas las noches, terror placer, terror placer.
— "Let Them Talk" parece esconder muchos homenajes e influencias...
—El repertorio del blues es casi infinito. Elegí las canciones en base a la historia que cuenta cada una de ellas. A su significado particular, al lugar que ocupa cada una en mi corazón. Y también con la idea de que cada una tuviera algo que ver con el resto, para darle coherencia al disco. El CD tiene 15 canciones, fue grabado en New Orleans y estoy rodeado de músicos increíbles pero no quise esconderme detrás de ellos.
—¿Podrías hablarme de esos héroes que te acompañaron?
—Tomemos el ejemplo de Dr. John: fui muy afortunado con tenerlo, es mi héroe de toda la vida. Todo fue como una fantasía hecha realidad. Idolatré a Dr. John por más tiempo del que puedo recordar, más de 30 años, y tocar con él fue una experiencia increíble. Dios lo bendiga: el hombre, es una leyenda y escucharlo tocar conmigo me derritió... Quiero decir, no nací inmerso en esta música, sino que la descubrí y me atrapó desde chico, y hago este homenaje con mucho amor y enorme respeto. Es más, al finalizar el día, cuando regreso a mi casa de trabajar, tú sabes, de actuar, gritar, poner caras y cojear, voy directo al piano y allí me puedo pasar de 10 minutos a 5 horas sin ni siquiera darme cuenta del tiempo transcurrido. Para mí es inmensamente liberador, es donde suelto todo.
—Escuchando "Let Them Talk" parece decirnos que hubieras deseado vivir en otra época y haber crecido en un lugar muy diferente a Oxford, ¿es más o menos así?
—El blues me ha hecho reír, llorar, bailar, no puedo decir exactamente todo lo que el blues me ha formado. Me llena completamente. Cuando descubrí al blues, en el centro de este nuevo reino mágico se encontraba la ciudad de New Orleans, lo que muestra que tan poco sabía yo en ese entonces del asunto. En mi imaginación repleta de balbuceantes melodías llenas de música, romance, alegría, desesperación, su ritmo penetraba en mi torpe mentalidad inglesa y me hacía sentir tan feliz y también tan triste. Yo simplemente no sabía qué hacer conmigo mismo. New Orleans fue mi Jerusalén. Ahora, si me preguntas acerca de por qué un inglés adolescente y blandito fue tan profundamente tocado por la música que nació de la esclavitud y la opresión en otra ciudad, en otro continente, en otro siglo, es para que una docena de especialistas la contesten antes que yo: desde Korner a Clapton, desde los Stones hasta Jools Hollands. Digamos, más fácil, que simplemente sucede. Admiro completamente a esos músicos, y sí es cierto, me hubiera gustado llevar esa vida que tuvieron, porque la encuentro infinitamente romántica.
—Es admirable tu capacidad de versatilidad, de actor a novelista y de escritor a músico, ¿qué otra sorpresa nos dará Hugh Laurie en los próximos años?
—Bueno... no puedo hacer todo. Yo no reconozco a la persona que estás describiendo. Eso suena como una lista de cosas... en realidad yo soy un aprendiz de todo y creo que eso es algo respetable.
—Estás trabajando en una segunda novela. ¿En qué momento escribís?
—Sí, estoy en eso pero el ritmo de grabación de "Dr. House" (terminó hace una semana), unas 16 horas por día, y de algunas películas en el cine me tuvieron muy ocupado. Pero si al álbum le va bien tengo planeado hacer más música, que es lo que realmente amo más en el mundo.
—¿Cuáles son tus escritores preferidos, y por qué?
—Mi favorito es P. G. Wodehouse, el escritor más divertido que haya puesto palabra en un papel. "The Code of the Woosters" es donde comienza mi admiración por él. Con los años, hombres y mujeres sabios parecen estar de acuerdo en que Wodehouse es incomparable como escritor de ficción cómica.
—Si estuvieras obligado a optar por un solo camino entre los de ser actor, músico o escritor, ¿por cuál optarías?
—Músico. Supe que la música era algo especial para mí cuando era muy muy chico. Recuerdo el primer blues que escuché en la radio. Le dije a mi hermano, "¿qué es esto?". De alguna manera lo sabía, era como que siempre lo había sabido, era algo que estaba ahí esperándome.