"Yo estuve en el lugar, pero no maté ni violé a la maestra", dice Baroni
Hoy hace exactamente dos semanas que José Luis Baroni llegó a la cárcel de Coronda. En el pabellón 4 del ala sur, más conocido como el de Los Hermanitos porque sus habitantes pertenecen al culto evangelista, deberá esperar el desenlace del juicio que lo tiene como único imputado por el brutal crimen de la docente Alejandra Cugno. La contención espiritual y la seguridad que le brindó ese sitio, según le dijo ayer a este diario...

Miércoles 05 de Agosto de 2009

Hoy hace exactamente dos semanas que José Luis Baroni llegó a la cárcel de Coronda. En el pabellón 4 del ala sur, más conocido como el de Los Hermanitos porque sus habitantes pertenecen al culto evangelista, deberá esperar el desenlace del juicio que lo tiene como único imputado por el brutal crimen de la docente Alejandra Cugno. La contención espiritual y la seguridad que le brindó ese sitio, según le dijo ayer a este diario, fue la llave que lo llevó a proclamar su inocencia. A pesar de haber confesado todo lo contrario ante el juez de la causa.

"Ni maté ni violé a la maestra. Fue otra persona, cuya identidad se la voy a decir al juez, y que se dedica a la compra y venta de autos en la zona de San Francisco-Frontera. Yo reconozco que estuve en el lugar, pero yo no le hice nada a la mujer. Quiero que me hagan estudios de ADN", afirmó el Puma, como lo conocen en Piamonte, donde vivió hasta principios de julio junto a su mujer y cinco hijos, de entre 12 y 4 años. "Quisiera volver al pueblo y no huir como un cobarde. No tengo que pagar por algo que no hice", dijo.

Baroni decidió a brindar su versión del crimen "abrumado" por la culpa y por estar convencido de que tenía que cargar con semejante cruz. Negó haber tenido una relación sentimental con la mujer, a la que conoció pocos días antes del crimen y con la que sólo compartió dos o tres viajes en auto entre Cañada Rosquín y Carlos Pellegrini. La historia que difundió el peón rural se contrapone con muchos de elementos que el juez de Instrucción José Manuel García Porta reunió en su contra: testigos que lo ubican subiendo él solo al auto de la directora de escuela, pericias que corroboraron la agresión sexual a la víctima y la propia confesión del imputado.

El azar de un encuentro. La charla con Baroni tuvo como escenario una pequeña aula de la escuela que funciona dentro del penal más grande la provincia y de allí surgió un dato. El destino quiso que los protagonistas de dos de los homicidios más resonantes de los últimos tiempos se encuentren en el mismo ámbito de detención. El Puma, de 42 años, admitió que uno de sus compañeros de reclusión, con el que tuvo los primeros diálogos para intentar acercarse a la religión, fue Juan Pablo Carrascal, el condenado a perpetua por el asesinato de Daniela Sparvoli, la maestra rural asesinada en 2003 cerca de Cañada de Gómez.

—¿Qué sucedió con la docente Alejandra Cugno?

La mató otra persona. Yo cometí el error de haber estado junto a ese tipo. Si sabía que todo iba a terminar de esa manera, no habría hecho eso. Haberme prestado a todo esto es algo de lo que me voy a arrepentir toda la vida. Me podrán condenar por cómplice pero yo no la violé ni la maté.

— ¿Pero entonces qué fue lo que ocurrió?

—El que mató a la maestra vive en San Francisco o Frontera. Me dijo que se dedicaba a la compra y venta de autos. Lo conocí tres o cuatro meses antes del crimen. En aquel momento, yo era remisero y hacía traslados a los bailables de la zona. En uno de esos viajes trabé una conversación y así se dió una relación de conocidos. Yo solía contarle que estaba mal de plata y esas cosas. Entonces me propuso que le consiguiera un vehículo. Un Fiat Uno o un Duna o un Volkswagen Gol, porque eran los más fáciles de vender, o conseguir. A cambio me daría 1.500 o 1.800 pesos.

Baroni asegura que los encuentros con esa persona, a la que se negó a identificar, se repitieron dos o tres veces hasta que a él se le ocurrió que el auto de Cugno podría estar entre las preferencias de un comprador. "Le aclaré que el único problema que había era que la dueña era una maestra. Pero me dijo que igual lo quería y que no me preocupara que no le iba a pasar nada malo. Ese día combinamos: yo haría que la maestra me levantara haciendo dedo y este hombre nos iba a esperar cerca del cruce de Carlos Pellegrini. Ella me alzó en Cañada Rosquín y cuando nos cruzamos con el hombre en el lugar que habíamos pactado, ella lo levantó. Alejandra solía subir gente que andaba por la ruta", agregó.

El viaje. Cugno al volante, Baroni a su lado y el supuesto segundo sospechoso, dice el detenido, reanudaron el viaje hasta que el pasajero que iba atrás extrajo un arma de fuego. "Le apuntó a la mujer en la cabeza. Le dijo que se quedara tranquila. Después la hizo desviar por un camino de tierra para encerrarla en el baúl. Así llegamos hasta una tapera que yo conocía porque había trabajado allí. La idea era largar a la mujer lo más lejos posible para que no pudiera pedir ayuda", recordó Baroni.

"Cuando llegamos a ese lugar, el tipo la sacó del baúl y la llevó adentro de la casa abandonada. La mujer se veía nerviosa y lloraba un poco. Después yo no vi nada, pero sí escuché. Eran gritos, insultos. El le decía que se callara y la mujer lo insultaba. Hasta que en un momento no se oyó nada más. Yo tenía miedo, diría que temblaba. Así que me metí en la casa para ver qué había sucedido y ahí estaba la mujer muerta en el piso y con la cara ensangrentada".

"El mismo hombre la alzó, la tiró al pozo y rompió las paredes del aljibe para taparla. Después me dijo que no dijera nada porque de lo contrario mi familia iba a tener problemas. Yo ahí pensé: si fue capaz de hacer semejante atrocidad, mi familia estaría en peligro. Por eso decidí callarme".

 

La versión de Baroni se completa con el homicida y el cómplice desprendiéndose de las pertenencias de Cugno y abandonando el coche cerca de la terminal de San Francisco tras una fallida venta en cercanías del cementerio de esa ciudad. "Se lo íbamos a entregar a un tal Tano, pero cuando llegamos ese tipo dijo que no había podido conseguir la plata y lo tuvimos que dejar. Volví a mi casa en Piamonte, pero decidí irme con la excusa de buscar trabajo. No aguanté la presión. Tenía mucho miedo".

— ¿Por qué ahora cuenta todo esto y frente al juez dijo que cometió el crimen?

—Lo dije porque sí. Sólo por miedo. Yo igual declaré que no la violé y que la maestra murió al forcejear conmigo, resbalar y golpearse la cabeza contra el piso. Ahora estoy dispuesto a decir la verdad. Hace tres noches que se me aparece la imagen de esa mujer en mi celda. Quiero darle al juez el nombre del asesino. También pretendo que se hagan pericias sobre el volante del auto, deben estar las huellas del hombre y someterme a un examen de ADN para demostrar que yo no la violé.

Hace diez días el juez de Instrucción José Manuel García Porta procesó a Baroni por el rapto, violación, robo y homicidio calificado de Alejandra Cugno. El juez resaltó un párrafo de la declaración de Baroni en su resolución: "Me llevó tres veces en el auto. Era linda y buena. Una vez me prestó 20 pesos. Una noche la vi en un baile con sus amigas y ya no me la pude sacar de la cabeza". Esta confesión que ahora refuta y las pruebas lo colocan en la antesala de prisión perpetua.

— ¿Cómo la conoció a Alejandra Cugno?

— Me levantó una vez cuando hacía dedo en la ruta. Lo hizo dos o tres veces más cuando yo tenía que viajar de Cañada Rosquín y Carlos Pellegrini. Nunca hablamos de cosas personales ni de familia. Sólo de temas como el campo, la política y cosas así. Ella conocía sólo mi nombre, no mi apellido. Me dolió mucho enterarme por los medios que tenía un hijito de 5 años. Se dijo que éramos más que amigos, pero nada que ver. Nos conocíamos de hacer dedo.

— ¿Y su familia cómo tomó todo esto?

— No me pueden visitar. Somos muy humildes y deben tomar dos colectivos hasta acá (Llora). Sólo pido es que ayuden a mi familia. Pude hablar con mi mujer por teléfono unos minutos, espero verla pronto para contarle todo esto.