Yala, su lugar en el mundo al que volvía una y otra vez
Héctor Tizón viajó largamente por el mundo: como diplomático de 1958 a 1962 y como exiliado de 1976 a 1982, aunque "su lugar en el mundo", al que volvía una y otra vez, era Yala.

Martes 31 de Julio de 2012

Héctor Tizón viajó largamente por el mundo: como diplomático de 1958 a 1962 y como exiliado de 1976 a 1982, aunque "su lugar en el mundo", al que volvía una y otra vez, era Yala.

Casado con la filóloga Flora Guzmán, recibió numerosos galardones, entre ellos varios premios Konex y la distinción de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de Francia

La narrativa de Tizón está atravesada en sus diversos registros por el tema del exilio y aborda tanto el desgarramiento por la partida del país como el desarraigo de los inmigrantes, temáticas de corte realista que eclipsan su empeño en relativizar el status de lo real.

"En ningún campo de la vida existe la verdad, sólo puntos de vista. ¿Cuál es la verdad del amor, la verdad del odio? En todo caso se trata de una verdad muy subjetiva. No se puede ser fiel a la realidad: uno tiene que ser lejanamente infiel... Como en las parejas, cuando uno es más lejanamente infiel, más perdura el vínculo", aseguró alguna vez Tizón.

El escritor se refirió también a sus estrategias para conciliar la tensión entre el rigor del mundo judicial y la estructura caótica de la literatura: "Al principio me costó mucho, pero con el tiempo, descubrí que la operación que hace un juez en su sentencia es muy parecida a la del escritor, ya que una buena sentencia debe reunir los mismos requisitos que la buena literatura, que no puede estar regida por palabras incorrectas".

"Las dos disciplinas buscan la palabra justa, aunque el novelista tiene la ventaja de utilizar figuras que un juez no puededarse el lujo de utilizar", acotó en aquel momento.

Un puñado de historias que tiene al desierto del norte como protagonista compone su último libro publicado, "Memorial de la puna", integrado por un prólogo, seis historias y un epílogo en la que una vez más el escritor describe la geografía que lo acompañó hasta su muerte: "La Puna no es sólo un desierto lunar cálido y frío, es una experiencia", describe en esa suerte de testamento literario.