Lunes 07 de Febrero de 2011
El lector Roberto Linares ha publicado en esta sección un extenso y justiciero artículo sobre el músico uruguayo Cayetano Silva, que pasó gran parte de su vida en la Argentina y fue autor nada más y nada menos que de nuestra muy justamente célebre marcha "San Lorenzo" y otra, que aunque menos conocida, es también una excelente composición: "Curupaytí", Me nace agregar un comentario. El pobre Cayetano era negro y pasó los últimos años de su vida como empleado policial en esta ciudad de Rosario. Y digo "el pobre Cayetano era negro" porque este país, que siempre se ufana de carecer de prejuicios raciales al compararse con otras naciones de nuestra América, especialmente con nuestros vecinos, omite comentar que en Argentina no hay prejuicios raciales con la población negra por la sencilla razón que dicha población no existe: nos esmeramos en exterminarla, enviándola a la vanguardia en las guerras de independencia. Nuestros "historiadores" poseen al respecto inmensas lagunas. En Buenos Aires hubo tantos negros como los hubo en Montevideo, etnia ésta que ha creado en Uruguay un folclore vivo y auténtico, y ha sido tema de artistas (Figari) y estudiosos. Dice al respecto el Boletín Cultural de la Municipalidad de Montevideo: "El Desfile de Llamadas tiene este año un marco de excepción. La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó al 2011 como "Año Internacional de los Afrodescendientes". Uruguay, celebra el Bicentenario del proceso de su independencia. Esta convergencia suma significados a esta fiesta montevideana, que cada año manifiesta la inclusión de la diversidad cultural en su identidad como comunidad y en su proyecto como sociedad". Un folclore similar existió, por supuesto, en Buenos Aires. Últimamente se están realizando esfuerzos por parte de ciertos grupos locales que pretenden resucitar esta rama del folclore, con claros motivos comerciales. El auténtico folclore no se reinventa: una vez muerto, muerto está. Como sucedió, por ejemplo, con la muerte del Carnaval. Los intentos de revivirlo (también por razones comerciales) recurren a la imitación de los carnavales ajenos, especialmente de Brasil. El final de esta triste historia, muestra que siendo el maestro Cayetano Silva miembro de la policía de nuestra ciudad, y habiendo dado al país lo mejor de sí, la misma policía le negó el derecho a que sus restos descansaran en el Panteón Policial, y fue enterrado en una fosa anónima: "por ser negro". Penoso. Como rosarino me siento apenado y avergonzado. La historia no hace más que poner en evidencia la clase de policía que tenemos.
Cristián Hernández Larguía,
LE. 3.687.935