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...Y los autos cruzaron el disco

En el hipódromo se instaló el campamento del Dakar. La penúltima etapa se cerró en el corazón del parque Independencia.

Sábado 17 de Enero de 2015

Si Oroño ofició de una gran pasarela donde la gente se deleitó con el paso de los participantes del Dakar, el hipódromo, donde se instaló el bivouac en la penúltima etapa de la exigente prueba, fue el gran escenario. El centro de la tradicional pista de carrera de caballos, se transformó en un gran garage, donde los equipos lejos de descansar hacían inminentes esfuerzos para dejar las máquinas en óptimas condiciones para el desenlace. Los pilotos, en tanto, intentaban reponerse física y psíquicamente para transitar los últimos 174 kilómetros de competencia pura.

   La llegada al campamento era precedida con bocinazos o aceleradas al vacío, como para decir, “acá estamos, fuimos muchos los que largamos y somos pocos los que estamos llegando, los que pudimos superar tantos escollos”. La respuesta del público no se hacía esperar. Sabedores de que la prueba es durísima, aplaudía, vivaba y alentaba a cuanto auto, camión, moto o quad pasaba cerca. De hecho no hizo ninguna diferencia si se trataba de pilotos o de vehículos de apoyo. Aplaudían por igual, a rabiar.

   Una de las más solicitadas al arribar, fue la española Laia Sanz, quien antes de desensillar de su moto destacó que “si bien todavía falta el último tramo, tengo muy claro que superé mis expectativas. Hice un Dakar muy bueno, y estar entre los 10 mejores es algo increíble”, confesó la catalana.

   El polvo de la pista hizo más espectacular el ingreso. El calor y la tierra volando por el aire remitió al público a la dureza de la prueba, aunque en el tramo de ayer las exigencias no tuvieron nada que ver con lo que pasaron los corredores en San Juan o en Calama, donde muchos tuvieron que abandonar. Los brazos en alto con los puños cerrados y las sonrisas daban cuenta de que lo más duro ya había pasado.

   Mientras tanto, en las tribunas del hipódromo la gente se deleitaba como si se tratara de una carrera de caballos con un final de bandera verde. El numeroso marco de público no hizo otra cosa que engalanar la gran fiesta del paso del Dakar por Rosario. Los fierreros de ley dieron su presente, pero lo de ayer no fue algo exclusivo de hombres, muchas mujeres y niños se arrimaron para ver de cerca esos bólidos que por estos días seguían por televisión. Los mates, acompañados por algunas masitas o facturas, fueron compañeros inseparables a la hora de mitigar la espera.

   Mientras la tarde caía y le daba paso a la noche, los tres helicópteros que vigilaban celosamente la fiesta desde el aire, fueron aterrizando en el corazón del circo hípico ante la azorada mirada sobre todo de los más chicos que no podían creer lo que estaban viendo, convirtiéndose sin querer en un espectáculo en sí mismo que fue muy festejado.

   El calor hizo que los vendedores de aguas y gaseosas fueran los más requeridos, tanto como los que ofrecían las remeras como el souvenir de la fiesta. La concentración de gente le sirvió al municipio para realizar una campaña de vacunación contra la Hepatitis B ya que mientras arribaban los autos, el stand funcionó paralelamente con éxito.

   La actividad se extendió hasta ya entrada la noche. Nadie quería perderse la fiesta. La ciudad se preparó para disfrutar de uno de los espectáculos más apasionantes del deporte motor y ayer con la llegada de motos, cuatriciclos, autos y camiones que participan de la competencia, junto con sus respectivos equipos de asistencia, pudo gozar por tercer año consecutivo.

   En la madrugada de hoy, los primeros pilotos saldrán hacia Baradero para llegar a la meta. Por entonces Rosario ya habrá quedado atrás, ilusionada en que pronto, muy pronto, el Dakar vuelva a cruzarse en su camino, para la alegría de su gente.

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