Y sin embargo se mueve
Ya nos había anticipado Galileo que no éramos el centro de todo, después fue Darwin quien nos habló del nono mono y Freud sobre el sartén por el mango que posee el subconsciente. Digamos que todos estos muchachos, aunque fueron atrevidos despertadores, vivieron relativamente bien.

Miércoles 17 de Agosto de 2011

Ya nos había anticipado Galileo que no éramos el centro de todo, después fue Darwin quien nos habló del nono mono y Freud sobre el sartén por el mango que posee el subconsciente. Digamos que todos estos muchachos, aunque fueron atrevidos despertadores, vivieron relativamente bien. No le pasó lo mismo a Lavoisier, otro master que dejó una frase muy sabia: “Nada se pierde todo se transforma” pero en lugar de aplausos recibió un corte de cabeza con un solo golpe de guillotina (se comenta que el motivo no fue haber sido el propulsor de la química moderna sino por aceptar el cargo de recaudador de impuestos para el rey). Pero la historia se repite, hoy sabemos que el centro del imperio también se mueve (o tiembla), que nuestros antepasados hispanos creían en los monos americanos y que las finanzas internacionales son inconscientes con sus acreedores porque tienen motivaciones generadas en lo más profundo del egoísmo que implica el sistema del bolsillo. Respecto al postulado de Lavoisier, la proyección debería pasar por la dinámica del pasado, el presente y el futuro, ejemplo: ¿que fue de Roma? ¿Qué le pasó a Espartaco? ¿Qué será de los recursos naturales? ¿Por qué ya no hay dinosaurios? ¿Habrá otros Hitler? ¿El país de la guerra del té ahora es el país del Tea Party? ¿La pluma cucharita y la tinta Pelikán es lo mismo, mejor o peor que la Hewlett Packard? ¿Qué será del Amazonas dentro de 1000 años? ¿Adonde llevará el viento los autos y las altas torres de Rosario? ¿De que hablarán los candidatos en las elecciones del año 3785? ¿Volverán los gatos pardos? etc. etc. La conclusión debería ser simple: todo cambia, a veces para peor, a veces para mejor (en este punto digamos que a los argentinos y a los rosarinos en particular, nos va un poco mejor que a los londinenses, los madrileños y los griegos) entonces ¿por qué algunos le temen al cambio y se asustan de la claridad del cuarto oscuro? Bajemos un cambio, rélax, que el mundo parece quieto, sin embargo se mueve y no es el mismo de hace un rato, por suerte…

Omar Pérez Cantón, operezcanton@hotmail.com