Miércoles 14 de Mayo de 2014
A Don Mario (100 años) y a su esposa (casi 90) los asaltaron en su casa, los golpearon y mantuvieron atados toda la noche con alambres. Y todo por unos miserables pesos. Les exigían “la plata de la jubilación” que recién habían cobrado. Ella les dijo: “Fui al supermercado y esto (muy poquito) es lo que me quedó”. El delincuente entro en furia y los golpeó duramente. Este tristísimo relato tiene un corolario: qué falta de respeto hacia los ancianos. Y al respecto, ¿no creen ustedes lectores que también es una falta gravísima de respeto (por que en definitiva es un gran choreo) por parte de los jueces, legisladores y funcionarios públicos que continúan bicicleteando los juicios de los jubilados septuagenarios, octogenarios y nonagenarios hasta la muerte de mucísimos de ellos? ¿Qué esperan? Aunque es muy posible que no les importe nada, Dios y la (pobre) patria los juzgarán, porque además de sus deshonrados juramentos, es bíblico: “Ponte de pie ante las canas y honra el rostro del anciano” (Lev. 19,32) ¿No tienen vergüenza?
Walter Lenzi