Martes 29 de Noviembre de 2011
Como parece que las empresas cuando hacen publicidad de sus productos no escatiman medios para invadir la privacidad y los derechos de cada cándido postulante a ser consumidor, voy a intentar ser gráfica. Imaginen una señora con un bebé llorando desconsoladamente con hambre, sosteniéndolo con un brazo, calentando la mamadera con la otra mano, suena el teléfono al que hay que atender, (tubo entre la oreja y el hombro) hoy día, sí o sí, porque puede ser un secuestro virtual. ¿Cómo no imaginar que con la inseguridad existente algún familiar no esté en peligro? Otra situación: acabamos de enjabonarnos bajo la ducha, suena el teléfono, las mismas razones anteriores para dejar lo que está haciendo y hacer skate sobre el agua jabonosa para ir a contestar. Tuvimos una mala noche donde no pudimos dormir, nos merecemos una siesta, ya que es sábado, ring-ring "señora! es usted la afortunada de un tiempo compartido en la Casa Rosada con la presidenta". Durante unas semanas me llamaba una tal "Marta de San Luis", previendo que el disquito provenía de un candidato político, nunca me enteré qué venía después de "Marta de San Luis", hasta que unos amigos me recomendaron que la escuchara, porque en una de ésas era una pobre mujer secuestrada que el único teléfono que tenía era el mío. A todo esto como nunca llegué a atenderla, siempre leo los obituarios esperando no encontrar a "Marta de San Luis". Señores publicistas y empresas, no provoquen el efecto inverso: rechazo por vuestra insistencia e intromisión domiciliaria. Imploro por una publicidad responsable: mi domicilio y mis derechos deberían ser inviolables. ¿Qué pasa con la legislación de privacidad ante semejante acoso?
Silvia Buonamico