Vox populi, vox dei
El gobierno democráticamente electo tomará el mando el próximo 10 de diciembre. Un hecho de tamaña trascendencia compromete a vencedores y vencidos a poner lo mejor de sí para que la transición resulte magnífica y brillante coronando el inmenso esfuerzo humano que requirió el acto eleccionario.

Martes 01 de Diciembre de 2015

El gobierno democráticamente electo tomará el mando el próximo 10 de diciembre. Un hecho de tamaña trascendencia compromete a vencedores y vencidos a poner lo mejor de sí para que la transición resulte magnífica y brillante coronando el inmenso esfuerzo humano que requirió el acto eleccionario. No lo ha entendido así el actual equipo gubernamental, especialmente la señora presidente. Ella transmite la sensación de haber sido traicionada y defraudada no sabemos por quién, se niega a ofrecer su imagen junto a la del presidente electo, ha aparecido en actos militantes dirigiéndose exclusivamente a sus votantes y asegurando que estará presente en cuanta oportunidad la requieran. Ha negado la posibilidad de que los futuros ministros se reúnan con los que están aún en funciones avivando así el convencimiento de que las cosas fueron muy mal hechas durante su estadía. Demuestra una total falta de ética política cuando convoca a las cámaras legislativas a sancionar leyes que enturbiarán el accionar de quienes les sucederán. La clave de este comportamiento bochornoso puede hallarse en su inevitable desaparición del centro de la escena, cosa a la que se resiste con todas sus fuerzas. Si fuera dable aconsejar a la señora presidente, le recordaríamos que "vox populi,vox dei" (la voz del pueblo es la voz de Dios) y nuestro pueblo ya habló. Hay que perder con dignidad.

Rubén Mario Baremberg