¿Votar solamente?
La propuesta de dar derecho de opción a votar a jóvenes desde los 16 años, aparentemente sorpresiva, ha desatado polémicas. Cabría una discusión más de fondo. Precisamente...

Jueves 13 de Septiembre de 2012

La propuesta de dar derecho de opción a votar a jóvenes desde los 16 años, aparentemente sorpresiva, ha desatado polémicas. Cabría una discusión más de fondo. Precisamente, Bernardo Klirgsberg, destacado sociólogo, en uno de sus trabajos fundamenta una opinión en el sentido de que la juventud, o la cuestión juvenil, debe figurar como un programa específico, como una política del Estado y social. Para determinados sectores, la juventud sería nada más que una cuenta de la edad de las personas. La política del Estado —y de lo que se llama sociedad- debería ser sólo de contención. El papel del Estado debe ser, singularmente, contener. Para este debate hay que recordar que durante la década del 90 y primeros años de la presente con tasas de desempleo, generales, del 24.5 por ciento se informaba que el núcleo duro de ese desempleo, que superaba el 40 por ciento, lo constituía los que tenían entre 15 y 24 años. Cientos de miles no trabajaban ni estudiaban, sufrían la marginación. La marginación está en la base de serios problemas sociales. Interesar a la juventud por el trabajo, por el estudio, por expresiones de la cultura, del arte, del deporte, por una vida social, solidaria, por preocupaciones políticas y sociales y tantas cosas más referidas a una mejor calidad de vida no entra en esos criterios, los que lamentablemente suelen sostenerlos como una suerte de sentido común no sólo gente retrógrada. ¿Qué opinan sobre la lucha de los estudiantes secundarios chilenos de su demanda del derecho a la enseñanza pública? Seguramente tendrán, muchos de ellos, menos de 18 años. Me permito volcar una experiencia personal que, obviamente, lleva algunas décadas pasadas. En el Superior de Comercio ante una coyuntura especial que se dio durante un período de autonomía universitaria por la que la escuela entraba en la órbita de dirección de la facultad, creamos un centro de estudiantes -de la escuela- que convocado a elegir autoridades desató una intensa movilización y polémica política sobre temas vigentes. Se votó en las aulas, habilitadas a ese fin. La votación fue muy numerosa. La politización aguda trajo solamente debate y respeto a los estatutos. Estos se debatieron previamente en asambleas. Fue un ejercicio de conquista de derechos. La mayoría no teníamos libreta de enrolamiento. Pero aquí quiero recordar que en la década de 1930 hubo un decreto de un oscuro ministro, Jorge de la Torre, integrante de un gobierno conservador, fraudulento, que prohibía la constitución de centros en las escuelas secundarias. Fue aplicado con sanciones a estudiantes y solía reaparecer muchos años después. Fui secretario de una Federación de Estudiantes Secundarios que en tiempo posterior, todavía, seguía reclamando su derogación. Hoy algunos proponen reglamentaciones. Sería una vuelta a un pasado deplorable, como lo es el famoso 0800; o que nuevamente alguno proponga reglamentar los centros. Mucho se ha avanzado en el derecho de las personas (no en todas partes). Lo mejor sería impulsar a que se constituyan centros o agrupaciones y sus protagonistas decidan sobre su organización, y en todo caso se converse y acuerde sobre la relación con las autoridades correspondientes, si ello es necesario. El estudiante puede ser sujeto con derecho de opinión política y a votar.

Jaskel Shapiro