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Volvió Monica Lewinsky: ¿un peligro para Hillary Clinton?

La mujer que estuvo a punto de hacer caer un presidente podría ahora complicar con sus dichos las aspiraciones políticas de la ex primera dama.

Jueves 08 de Mayo de 2014

Monica Lewinsky, Bill Clinton y el vestido azul con manchas de semen siguen siendo hoy en día, y no sólo en Washington, ingredientes para un chiste verde de risa fácil. Los protagonistas: la becaria que estuvo a punto de hacer caer a un presidente estadounidense y el entonces hombre más poderoso del mundo implicado en una red de sexo telefónico y arrumacos en la Casa Blanca que hicieron que los cómicos rebautizaran el conocido "Despacho Oval" en el "Despacho Oral". Han pasado 16 años desde el escándalo sexual que mantuvo en vilo al mundo y es ahora cuando la quizá ex becaria más famosa del mundo se atreve a regresar al espacio público para contar cómo ha sido su vida desde entonces. Y lo hace precisamente poco antes de una posible y esperada candidatura a la presidencia de Hillary Clinton, aunque asegura que no quiere inmiscuirse en la campaña de 2016.

Tras un silencio absoluto, Lewinsky, que tiene 40 años en la actualidad, vuelve con un ensayo que publica hoy la revista Vanity Fair en su versión online y más adelante en la impresa. Pero a los analistas políticos de Washington no les importan tanto los detalles. Les bastan los fragmentos adelantados para emitir sentencia: poco antes de su posible candidatura a la presidencia, Hillary Clinton tendrá que volver a enfrentarse a los pecados de su marido. Aunque no se ponen de acuerdo sobre si eso la ayudará o la dañará políticamente. Sin embargo, existe unanimidad a la hora de desgranar los motivos de Lewinsky: no se quiere ver arrastrada a la campaña presidencial de 2016 y zanjar de una vez por todas aquel escándalo, asegura el diario Washington Post. Es el momento "de enterrar el vestido azul", asegura Lewinsky casi irónica en relación a aquella famosa prenda en la que se halló el semen del presidente. Es necesario que se deje de "merodear sobre mi pasado y también sobre el futuro de otras personas". Y ¿a quién si no, opinan los analistas, podría referirse sino a Hillary Clinton?

Lewinsky tiene muchas razones para actuar como lo hace. Durante la primera campaña a la candidatura por el Partido Demócrata de la ex primera dama en 2008 el affaire Lewinski apenas se mencionó. Pero esta vez podría ser distinto. Y es que su eventual competidor, el republicano Rand Paul, llamó recientemente a Bill Clinton delincuente sexual de forma indirecta y lanzó la pregunta de si los demócratas, sobre todo Hillary Clinton, debían relacionarse con él. Seis años después de perder la Casa Blanca, los conservadores parecen no tener freno a la hora de dar ese tipo de golpes bajos. Y de ahí que Lewinsky haya decidido salir de su escondite para contar cómo el círculo de poder en torno a Clinton la destrozó entonces hasta el punto de estar al borde del suicidio. El affaire con Clinton fue "consentido", dijo, pero el abuso comenzó "cuando me convirtió en chivo expiatorio para proteger su posición de poder". Y lo resume con claridad: "Por supuesto, mi jefe me utilizó". Y habla sin miedo: "Lo que esto me cueste lo descubriré pronto". Asegura que con su texto quiere ayudar a otros que también fueron víctimas de la humillación pública. Y describe cómo en muchos puestos de trabajo se rechazaba sus solicitudes debido a su pasado o cómo no pudo cumplir su sueño de casarse.

Y mientras los Clinton seguían con su vida —Hillary sumando éxitos, Bill como uno de los ex presidentes más populares e incluso de su hija Chelsea se llegó a decir que tendría opciones para llegar a la Casa Blanca— Lewinsky quedó "atrapada como una mosca en ámbar por una imprudencia cometida cuando era veinteañera", añade compasivo el diario The New York Times.

Pero compasión no parece ser lo que busca Lewinsky: en lugar de eso, quiere presentarse al mundo como una persona segura. Incluso se lamenta por Hillary, citando el testimonio de una amiga de la ex primera dama, en los que asegura que la esposa de Clinton incluso se culpaba en parte del affaire de su marido y presentaba a Lewinsky como una "lamentable loca narcisista". "Podía haber acusado a su marido de hacer algo inapropiado, pero me intranquiliza su impulso de echar la culpa a la mujer y no sólo a mí, sino incluso a ella misma", añade Lewinsky.

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