¿Vivís en Funes?: andá a cantarle a Gardel
Cuando llega el verano y la ciudad recibe a los veraneantes termina una forma de vida y, compulsivamente, nos imponen otra.

Domingo 17 de Febrero de 2013

Los que elegimos vivir en Funes perdimos todos los derechos.Cuando llega el verano y la ciudad recibe a los veraneantes termina una forma de vida y, compulsivamente, nos imponen otra. Se instala el monoderecho.Sólo los estíofestejantes, sus familiares, vecinos y amigos se autoadjudican todas las prerrogtivas, franquicias y privilegios y proceden a hacerse cargo de todos los espacios del "Jardín de Santa Fe". Entonces, ya no hay más normas. Sólo vale la "diversión" a toda costa, sin contemplar el derecho de nadie. Todo vale. El otro no existe. ¡Andá a cantarle a Gardel! Todo es estruendo, grito pelado, ruido y más ruido, motores, escape libre, cuatriciclos a mil, "música" siempre y FM Vida. Un señor al que no le dijeron que había un micrófono adelante vocifera, como si quisiera que lo escuchen sin parlantes: !Boniiiiiiiiitaaaaa!.. Y pum, pum, pum, el bombo y el bajo, unidos, pegan en el pecho, en los vidrios, en el alma. Todo el día, sin parar, con el volumen necesario para tapar todo intento de escape. No hay salvación. Pum, pum, pum... !Boniiiiiiiiitaaaaa!.. grita el hombre, y gritan todos en las piletas, y ladran los perros que trajeron, que no reconocen a los perros locales, y para la noche ya están listos los fuegos artificiales desde cualquier parte. Sonarán las bombas implacables, cada vez más fuerte para ganarle al que las tiró anoche !Tomá gil. Yo te gano! "¿Qué es lo que quiere la Cholaaaa ...?", canta Cacho con Los Palmeras, y desde otra casa le contestan con la princesita Karina. "Mentirooooso, corazón mentirosoooo". Tiquití, tiquití, suena el cencerro en el preciso momento en que pasa un rondín de publicidad con La Ventanita de Agostini y otro locutor que invita a la procesión del domingo. No hay normas. Los vecinos de Funes perdimos los derechos. Al silencio, a vivir en paz, sin estruendos. A eso vinimos. A respirar, a contemplar, a mezclarnos con el paisaje, a cambiar de vida, a escaparle al ruido. Y el ruido nos invadió, como todos los veranos. Y quedan las fiestas electrónicas hasta cualquier hora con jovencitos extasiados y sedientos. Pum, pum, pum. Y el tránsito endiablado de los festejantes, veloces y maleducados, que pasan siempre con cara de "primero yo". Señor, aquí vive gente que estudia, que trabaja, hay enfermos, hay muchos pibes. ¡No importa nada! Están de vacaciones. No importa nada. Con un "clic" se enciende el equipo, la radio, el cuatriciclo, la moto, y todo cambia. En este gigantesco negocio ganan las inmobiliarias, ganan los locadores, algunos comerciantes y perdemos, invariablemente, los que vinimos a escuchar el silencio y esperamos, como a una bendición, que llegue marzo. Mientras tanto, iremos todos a Córdoba y Vera Mujica de Rosario. A cantarle a Gardel.

Domingo Santarelli