Domingo 22 de Noviembre de 2015
Nacemos y por nuestra idiosincrasia, somos criados con el terrible temor por la muerte. Ella existe gracias a la vida, y es la que nos informa de lo que únicamente sabes ciertamente, vamos a morir. Lamentamos y nos consterna terriblemente la muerte de los niños, adolescentes y jóvenes, pero asimilamos de mejor manera la muerte de los mayores. Egoísmo propio del que queda vivo, la pérdida pura. Sin raciocinio ni tratando de pensar que si esa persona vive en Europa, está perfectamente, pero tampoco la vemos, la abrazamos, la besamos y quizás hace un tiempo ni la "skypeamos". Nos consternan, evidentemente, las tragedias como la de París, tsunamis, terremotos, pero quizás nos olvidamos de los niños muertos en Africa por falta de agua o hambruna. Nos olvidamos que somos los generadores de las muertes trágicas, velocidades excesivas, descuidos, imprudencias, fanatismos, tolerancia cero, entre otras causales. Seguiremos muriendo. Tratemos entonces de incorporar otro tipo de conocimiento para poder entender que vamos hacia un mismo camino, y que el final es ni antes ni después, es en el momento exacto. Por esa razón, tratemos de vivir, por sobre todas las cosas, pacíficamente. Es utópico, ya lo sé, como dije anteriormente destruiremos el mundo, razón por lo cual deberíamos adoptar "el día a día", porque de ninguna manera sobreviviremos.
Jorge Marcote
DNI 13.093.744