Jueves 10 de Enero de 2013
Los seres humanos debemos plantearnos qué hicimos bien y qué hicimos mal. Así evitaremos repetir errores pasados, plantearemos un futuro mejor, nos disculparemos o exigiremos disculpas. Por lo visto, esta introspección no la practican quienes están al mando del país. La realidad nacional es fundamental, está a la vista: el costosísimo modelo socioeconómico que no alcanza sus objetivos porque sigue viva la desocupación de doble dígito, la miseria no se doblega con los subsidios, la inflación estará en los umbrales del 30 por ciento aunque las estadísticas oficiales sigan engañando al respecto. La expansión monetaria está desbocada, sin respaldo y el presupuesto original hubo de incrementarse un 25 por ciento (campaña proselitista preeleccionaria, incremento del plantel estatal, intereses sobre préstamos, devolución de ganancias sobre bonos PBI). El anunciado crecimiento económico no llegó pero igualmente aumentaron servicios, tasas, combustibles. Hemos ascendido en el índice de países con mayor corrupción. Las únicas inversiones que hemos recibido fueron destinadas a reponer bienes de capital. Hemos descendido en el consenso económico al retacear información esencial, al prohibir el envío de utilidades empresarias al exterior, al no intentar regularizar la confiscación de YPF con los dueños anteriores que, dicho sea de paso, fueron una creación nuestra y ahora demandan a las empresas que acuerdan convenios con YPF (Chevron y Bridas). Los veinte millones diarios emitidos por el Banco Central obturan el déficit de 70 pesos por cada pasaje vendido por la aerolínea de bandera (no contemos el gasto de Fútbol para Todos). Según anunció el ministro Lorenzino (no lo inventé yo) la deuda total pública argentina ascenderá este año a doscientos catorce mil millones de dólares (más del 50 por ciento del PBI). Eso, suponiendo que no prosperen los juicios jubilatorios en cuyo caso caería la Ansés. Lástima, porque es una inagotable fuente de recursos del gobierno, al igual que el Banco Central y otros organismos. Finalizo diciendo que el gobierno está enfrentado con los organismos internacionales, con la Justicia, con los sindicalistas, con la Iglesia, con los medios, con la oposición y ahora con los ruralistas. Me atrevo a preguntarle, señora presidenta: ¿no será momento de virar el rumbo para no encallarnos del todo? Pregunto, nomás.
Rubén Mario Baremberg / DNI. 6.012.531