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Violentan los ingresos a tres casas, amenazan a sus dueños y les roban

Los robos ocurrieron la noche del viernes en los barrios Belgrano, Azcuénaga y Arroyito. Ninguna de las víctimas resultó lastimada y siempre actuaron tres ladrones. En uno de los casos se llevaron hasta los canarios de la familia.

Domingo 31 de Agosto de 2014

La escena se repite en todos los barrios y a cualquier hora. Una casa revuelta, una mujer demacrada y un hombre resignado. La nueva modalidad del robo en las viviendas es tumbar la puerta a patadas en horas de la noche, despertar a sus ocupantes del sueño en el que se encuentran y someterlos a una pesadilla. Los ladrones entran, amenazan y apuntan con armas mientras a los gritos exigen dinero, dólares, oro y todo lo que puedan llevarse. Es la última frontera del hogar vulnerado. En la semana que concluyó se registraron al menos ocho casos similares, los últimos tres en el tiempo que va del viernes a las 22.30 a la madrugada del sábado.

La zona oeste ha sido una de las más afectadas en todo tipo de entraderas y ahora sumó esta modalidad de rompepuertas. La noche del viernes un matrimonio mayor fue sorprendido alrededor de las 22.30 en su casa de Magallanes al 800 (Eva Perón al 5900). "Apenas apagamos la luz entraron", contó Juan Carlos, un ex metalúrgico que padece hernia de disco y hace siete años que no trabaja.

"Estaba acostado en el comedor por que mi mujer, Isabel, dormía con mi nieto de 10 años en el cuarto. Cuando apago la luz escucho un golpazo en la puerta de calle, me levanto y ya los vi adentro: tres tipos armados y con capuchas, tendrían unos 25 años y me pedían el dinero y el oro", dijo Juan Carlos, de 60 años.

Al entrar, dos de los ladrones fueron al dormitorio donde se encontraban Isabel y el niño mientras otro se quedó con él en el comedor. "Cuando me pidió plata lo miré y le dije que hace siete años que no trabajo, que mi mujer es peluquera y que no tengo un mango. Me apuntó con un revólver y después empezó a tirar todas las cosas al piso: la ropa y las pavadas que hay en los muebles. Tanto ruido hizo que lo despertó a mi cuñado, que vive en una piecita atrás", relató Juan Carlos.

En la casa —muy humilde— el matrimonio vive con su cuñado, Rogelio, y esa noche estaba ocasionalmente su nieto. La cuadra tiene una particularidad y es que los vecinos han montado una alarma vecinal que, ante cualquier peligro y luego de que activan un pulsador, pone en alerta a todos, se encienden reflectores y se activa una sirena.

Los ladrones estuvieron en el lugar "de 10 a 15 minutos, cuando se dieron cuenta que no había nada para llevar le sacaron un celular a mi mujer y una radio chiquita que había arriba de una mesa. Al menos no nos pegaron", dijo el hombre. Los ruidos sobresaltaron a Rogelio, que a pesar de estar enfermó logró salir de su habitación y los ladrones al verlo "pensaron que iba a llamar a la policía. El salió corriendo y se lastimó con unos cachivaches que tengo en el patio y los tipos se fueron", contó Juan Carlos. Y resaltó que "esto te da miedo, te mata".

Apenas salieron, Isabel pulsó la alarma y los vecinos pudieron ver a los tres delincuentes escapar en una moto de alta cilindrada. "Salimos todos porque estamos cansados, hace un par de meses que nos tienen a mal traer", dijo asustada una vecina.

En barrio Belgrano.Una hora después le tocó a una casa de Pérez Bulnes al 5800, donde se cruza con Solís, a unas 10 cuadras de la casa anterior. Allí, en una típica vivienda de barrio pintada color maíz viven Ariel y Elina junto a su pequeña de 2 años. El está ansioso y preocupado, ella pálida y con los ojos llorosos; entraron tres hombres armados, no fue una buena noche.

"Serían las 23 o las 23.30. Estábamos acostados. Mi mujer había acomodado algunas cosas en la casa y nos disponíamos a dormir. De pronto escucho un ruido muy fuerte en la puerta de calle, salgo del dormitorio y veo que uno prende la luz y los tres estaban armados y apuntándome. Me pedían dinero, oro, dólares" contó Ariel, aún confundido y molesto cuando recibió a este cronista.

"Me tiré arriba de mi hija para prtegerla, me dijeron que me moviera y me negué. Simplemente les indiqué dónde estaba la plata para que se fueran", agregó el hombre mientras Elina, su mujer, agregó: "Fueron diez minutos pero parecieron una eternidad. No nos trataron mal ni nos insultaron, pero estaban armados y nos apuntaban".

En este caso el botín fue algo mayor que el que los maleantes lograron en el primer caso, aunque con una curiosidad: se llevaron tres canarios además de 25 mil pesos, un plasma, teléfonos celulares y una cámara digital.

"Estamos con mucho miedo, no somos gente de plata ni sabemos por que nos tocó a nosotros. No podes estar seguro ni en tu propia casa. ¿Quée hay que hacer, meterse en una habitación entre rejas para evitar que te roben?", se preguntó Ariel desolado.

El último de los hechos se registró en Juan B. Justo al 1300, en el barrio de Arroyito (ver aparte). Tres asaltos en los que los ladrones derribaron puertas para lograr sus cometidos y todos en no más de seis horas.

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