Domingo 12 de Diciembre de 2010
Ocurrió lo previsible como consecuencia del accionar de los gobiernos K, que denostaron sistemáticamente a la autoridad en todos los niveles. Desconocieron y subestimaron a los otros poderes del Estado, a los ejecutivos provinciales, a las Fuerzas Armadas y a las de seguridad. Se ha asesinado el concepto y valor de la autoridad. Será muy difícil restaurarlo sin el ejercicio de la violencia, pues nadie respeta las leyes ni a quienes tienen la obligación de hacerlas cumplir. Cualquiera mata a un policía y ya no hay voluntad de hacer cumplir la ley, que no es respetada. Hace unos años, en una estación de tren de Londres, bajaron a los gritos los barras bravas autóctonos que concurrían a un partido vociferando y provocando disturbios. Un policía, un solo policía se puso en el medio y se llevó el dedo índice sobre los labios cerrados, en clara manifestación de ordenar silencio. Los barras cambiaron inmediatamente de actitud y continuaron caminando casi en puntas de pie. En nuestro país hoy no lo lograríamos ni con toda la guardia de infantería acompañada por la montada. Urge reestablecer el valor de la autoridad y el concepto de que nadie puede quedar impune si contraría el orden establecido, aunque para ello sea necesario administrar y ejercer la violencia.
Jorge Augusto Cardoso
jcardoso@fibertel.com.ar