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Viajeros del tiempo

Rosario, 1905-1910. Pánico en el harem. Un telegrama de Constantinopla, al que se le atribuye absoluta veracidad, relata que se encontró nada menos que una bomba en el harem del sultán.

Lunes 13 de Abril de 2009

Pánico en el harem. Un telegrama de Constantinopla, al que se le atribuye absoluta veracidad, relata que se encontró nada menos que una bomba en el harem del sultán. Fue tan colosal el pánico, que el mismo soberano, que se estaba bañando, sufrió un desmayo, a consecuencia del cual hubiera perecido si un servicial eunuco no lo hubiera sacado a tiempo del líquido donde se había sumergido. Pero como para demostrar que no toda buena acción es siempre justamente recompensada el eunuco fue muerto enseguida, pues siendo sagrada la persona del sultán nadie puede tocarlo, con excepción del sastre y el peluquero. Aprovechando el pánico de la bomba, varias de las esposas del sultán se fugaron disfrazadas de eunucos. (1908)

¡Que se calle el apuntador! El triunfo es colosal y los actores son llamados una y otra vez al palco escénico por un público enloquecido que los llena de aplausos. Luego, cuando las luces se extinguen y el teatro queda en penumbras, puede verse deambular por ahí a un hombre solitario y sombrío, un ser anónimo: el apuntador. Todos los días contempla el triunfo de los otros, mientras su vida pasa como un sordo murmullo. El público aplaude a los actores, los diarios los felicitan y las damas les arrojan flores, pero ¿quién se acuerda del apuntador, de ese hombre encerrado en un estrecho sepulcro, que habla sin cesar horas y horas para ese mismo público que finge ignorar su existencia? Cuando a veces ese desgraciado, ese desconocido, fatigado, levanta la voz, todos le gritan: "¡Que se calle el apuntador!". Es que al apuntador sólo se lo nombra para censurarlo, para hacerlo callar cuando levanta la voz, porque su destino es pasar desapercibido y su función la de ser olvidado. Del mismo modo, en la vida hay tantos apuntadores... y a casi todos se los hace callar a gritos, pero sin ellos no funcionaría el gran engranaje del mundo. (1908)

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