El país de las esclavas sexuales más hermosas del mundo (III). No hay que decir que para un padre circasiano constituye toda una gran desgracia que se le case una hija. Haberla educado, pulido y hermoseado con la esperanza de venderla bien, y encontrarse con que un barbilindo se enamora de ella y se la lleva, tiene, en efecto, poca gracia. Por eso allí, entre los pobres que son los más, nadie concede la mano de su hija, y por lo tanto resulta inútil solicitarla. Cuando un hombre ama a una mujer, se presenta en la casa a caballo y ataviado con sus mejores galas, la coge por la cintura, la pone en el arzón de la silla y huye con ella al galope. Al día siguiente el raptor consuela a su suegro enviándole el "kalim" o precio de la mujer, sin cuyo requisito correrìa la sangre de ambas familias. Por fortuna, los padres suelen mostrarse compasivos y exigen un kalim reducido, algo así como tres pesos. Pero entre las pocas familias ricas del país las cosas se hacen de otra manera. La boda se concerta cuando los futuros esposos tienen sólo ocho o diez años, si bien no se casan hasta ser mayores. Si durante este intervalo la chica se casa con otro, sus padres tienen que pagar al novio burlado una indemnización de 16 vacas. Llegada la circasiana rica a los 13 o 14 años, su futuro envía a la casa de ella algunos amigos con algunos corderos y discute con los padres el precio de la joven, y cuando los amigos creen que se ha llegado a un ajuste honroso, degûellan los corderos. Esta es la señal de dar comienzo a la fiesta. La población entera acude a la casa y se hace gran consumo de cordero asado y vino del Cáucaso, y la novia -que para esta ocasión tiene el mal gusto de vestirse de europea- es conducida procesionalmente a la casa del novio. Allí ambos se sientan delante del fuego con un cirio en la mano, y el "dekano" o sacerdote los bendice y apura a su salud de un solo trago un enorme jarro de vodka. (1910)




























