Viajar o sufrir
Es verdaderamente lamentablemente advertir o, en todo caso escuchar, que mucho se habla del servicio de transporte urbano de pasajeros de esta ciudad.

Sábado 18 de Septiembre de 2010

Es verdaderamente lamentablemente advertir o, en todo caso escuchar, que mucho se habla del servicio de transporte urbano de pasajeros de esta ciudad. Desde tiempo inmemorial toda vez que se habló de aumentar el costo del pasaje, el caballito de batalla de sus mentores fue y es mejorar la calidad del servicio. No podemos dejar de reconocer que se han introducido mejoras, particularmente en la frecuencia, cantidad de líneas y recorridos de largas distancias. El aumento poblacional así lo requiere. Pero lo lamentable son las condiciones en que se viaja. En principio, estas unidades, carentes de suspensión adecuada, no deberían transportar pasajeros, salvo que lo hagan a baja velocidad. La tan mentada frecuencia hace que los conductores, hasta monitoreados por sistema satelital, deben respetar a ultranza el horario establecido, conforme a expresas directivas en tal sentido. Es decir, el tiempo que pierden en zonas de intenso tráfico, lo ganan en el resto, a costa de: arrancar rápido, esquivar otros vehículos, estacionar lejos del cordón, apurar al pasajero a que suba rápido, alta velocidad, de una sinrazón que verdaderamente rebela. Me pregunto: el Ejecutivo municipal, los ediles, los dirigentes gremiales, ¿no son conscientes de que los conductores no pueden estar sometidos a tanta presión? Creo que tienen buen sueldo, pero es de suponer que no pueden ser exigidos de tal manera. ¿Y los pasajeros? ¿Forzosamente tienen que ser la variable de ajuste? Señores conductores: son en gran medida a quienes defiendo; tomen la posta y recapaciten, hagan algo o, y ojalá me equivoque, terminarán con algún deterioro en la salud. Una ciudad, de la que un referente importante dice sin medias tintas que es "turística", debería dejar de viajar en vehículos del Estado o propios, como el resto de los responsables y dar algunas vueltitas en esos pseudovehículos de transporte de pasajeros. Prioridad uno: respetar al pasajero, que es quien sostiene, y de qué manera, el sistema.

Angela Trani