Víctimas y victimarios
En la edición del pasado lunes (página 6), se informa de la disertación del sociólogo británico Jock Young, secundado por profesionales locales como Enrique Font y Daniel Erbetta. En la nota se señala que "la persona que ha ingresado a la cárcel vuelve más brutalizada a la sociedad".

Viernes 12 de Diciembre de 2008

En la edición del pasado lunes (página 6), se informa de la disertación del sociólogo británico Jock Young, secundado por profesionales locales como Enrique Font y Daniel Erbetta. En la nota se señala que "la persona que ha ingresado a la cárcel vuelve más brutalizada a la sociedad". Quiero señalar que para los sociólogos parece ser que el único enfoque válido con respecto a la criminalidad es hacia el victimario, o mejor dicho el asesino, el delincuente, el infractor o el procesado. Sin ánimo de ofender, esta dolorosa cuestión de la inseguridad parece tener una sola cara. Porque realmente de la víctima, damnificado, occiso, lesionado, violado o degradado por el delito nadie parece acordarse. El derecho penal no sólo se encuentra en una ancha meseta, sino que se dulcifica cada día que pasa. Porque las personas que ingresan a la cárcel se brutalizan y también acceden a la misma con mayor agresividad y peligrosidad. Ayuda a ello la lentitud de los tribunales y muchas veces la ineficiencia de los jueces en juzgarlos, tanto porque sus abogados no tuvieron la astucia suficiente o simplemente porque su situación de pobreza los hizo pasibles a una condena carcelaria. Llegan a esta situación por ellos mismos y no pueden culpar a nadie, más que a ellos mismos, ya que rompieron la barrera y terminaron como debían en prisión por sus múltiples crímenes. Aunque esto la gente no lo sepa, una persona detenida sea en un establecimiento carcelario o en una comisaría origina toda una serie de inconvenientes, papeleos, cuestiones administrativas, que se obvian si éste recupera la libertad. A pesar de que los magistrados tengan de antemano la convicción de que van a reincidir. No sólo porque este sea su único medio de vida, sino porque en libertad se ahorra mucho trabajo judicial, que si están presos. Con respecto a la brutalidad, todo delincuente que ingresa a la cárcel ya tiene incorporado un grado de violencia y criminalidad, que es posible que se perfeccione en la prisión. Pero en nada es responsable la sociedad por quitarle su libertad, que él mismo se ganó por méritos propios. Ahora otra cuestión es la responsabilidad que tienen los gobiernos de turno, sean nacionales o provinciales, respecto del delito. Por empezar, un mal manejo gubernamental no sólo genera hambre, sino que también quita la posibilidad a los jóvenes de obtener un trabajo digno, lo cual los obliga a inclinarse peligrosamente hacia el delito y la droga, desde donde lamentablemente casi es imposible retroceder. Los índices de homicidios, robos, violaciones u otras cuestiones delictuales, ya casi no se muestran a la población, para que la gente no se preocupe más de lo debido. Pero como siempre la realidad supera la ficción. Mientras tanto, los muertos se apilan, los ancianos tiemblan de miedo y los habitantes viven encerrados en sus casas convertidas en verdaderas prisiones.

Carlos Enrique Bonilla (profesor comisario principal y director del Instituto en Criminalística Juan Vucetich)