Vestido de policía, entró a una casa de Arroyo Seco y robó 60 mil pesos
Fingiendo ser policía, un hombre vestido de fajina y borceguíes similares a los que utiliza el personal de calle de la fuerza santafesina engañó a una mujer de 41 años en su casa de la zona sur de Arroyo Seco. Para que le abriera la puerta, el ladrón adujo que llevaba una notificación oficial para su hermano. Cuando confiada por su vestimenta le flanqueó el paso, la encañonó.

Jueves 15 de Enero de 2009

Fingiendo ser policía, un hombre vestido de fajina y borceguíes similares a los que utiliza el personal de calle de la fuerza santafesina engañó a una mujer de 41 años en su casa de la zona sur de Arroyo Seco. Para que le abriera la puerta, el ladrón adujo que llevaba una notificación oficial para su hermano. Cuando confiada por su vestimenta le flanqueó el paso, la encañonó. Una vez dentro de la vivienda al farsante se le sumó un socio vestido de civil. La maniataron con precintos plásticos y la tuvieron cautiva unos 45 minutos. Le sustrajeron 60 mil pesos. "No me hagas renegar. A ver si todavía te tengo que matar", rememoró Marcela que le dijo su captor uniformado, casi cuando ya se estaba fugando.

En el terreno. La familia Gianini vive desde hace más de tres décadas en una vivienda de pasillo de calle Colon al 700, a 50 metros de la ruta 21 y a 150 metros de la plaza San Martín, en la zona sur de Arroyo Seco. Un pasillo abierto da paso a dos departamentos. Un lugar al que para llegar hay que conocer personalmente o por buena información recibida. Ahí los Gianini supieron tener una carnicería, el negocio al que se dedica la familia desde hace 40 años. En la casa de dos plantas conviven Marcela con su familia —esposo y dos hijos de 19 y 21 años—, su hermano René y dos perros: un boxer y un cocker. René, de 59 años, es quien maneja los destinos de la carnicería que tiene la familia en Independencia y Libertad. Ahí también trabajan los hijos de Marcela.

Citación y golpe. Ayer a las 9 de la mañana, los hijos de Marcela dejaron la casa y se fueron en el auto a trabajar a la carnicería que está a unas diez cuadras. Marcela se quedó sóla, haciendo los quehaceres domésticos. Llevó los perros a la terraza y se ocupó de lavar ropa. En eso estaba cuando tocaron a la puerta de su vivienda. "Señora, policía. Vengo a traer una citación para René Gianini". Eso fue lo que escuchó Marcela. Al abrir la puerta arrancó el robo. "Cuando escuché que era una notificación, pensé en mi hermano y les abrí. Me mostró un papel y cuando hice foco en eso, me puso un revólver en la cara. Entonces se metió otro, que estaba de bermudas, remera y gorrita", relató la mujer.

"No dudé de que era policía. Estaba vestido de fajina azul y tenía borcegos. Después sólo me acuerdo del caño del revólver en la cara", rememoró. A la mujer la maniataron con precintos plásticos y la sentaron en la cocina de la casa. Quedó al cuidado del hombre de bermudas. "«Quedate tranquila, así hacemos rápido», me dijo. El que estaba de policía empezó a revolver todo. Cajas de zapatillas, cajones, hasta sacó un aire acondicionado de la pared. Estaba muy nervioso. Incluso fue a revisar el local que tenemos adelante, que era una carnicería, y que ahora está cerrado. Entonces empezó a preguntar: «¿donde está la guita? Decime dónde tenés la guita»".

El que vestía como policía, dice ella, hizo cosas muy raras. "Se puso una campera deportiva de mi hijo para robar. Era como que no quería que le viera la camisa. Muy raro, porque cuando entró se veía que era una camisa de policía", indicó la mujer. Lo que destacó la víctima fue que los dos hombres se comunicaban con handys, entre ellos y con una tercera persona. Tenían unos 30 años, pelo corto y apariencia prolija. Sólo querían dinero. El policía primero se dedicó a la planta baja y luego a las habitaciones de arriba. Estuvieron unos 45 minutos.

"Me da mucha culpa porque el dinero no era mío. Eran ahorros de mi hermano", dijo con amargura la mujer. "Cuando ya estaban terminando, me cortaron los precintos y me llevaron a la habitación. Ahí me volvieron a precintar las manos al respaldar de la cama. Y lo querían reforzar con el cable del cargador del celular. Les pedí que no y el policía me contestó: «Hija de puta, no me hagas renegar, a ver si te tengo que matar»", relató Marcela.

Atada en soledad. De la recorrida el ladrón se hizo con unos 60 mil pesos entre pesos, dólares y euros. También se llevaron un celular. Dejaron a Marcela maniatada en uno de los cuartos y se fueron. "Empecé a hacer fuerza con las muñecas y rompí las tres cadenitas que tenía puestas. Y también los precintos plásticos. Entonces pedí ayuda", precisó la víctima del atraco. Entre los detalles que su familia recordaba, uno de sus hijos contó: "La llamaron dos o tres veces a la señora que vive en el departamento de atrás (al lado de los Gianini) preguntando si ahí vivía Marcela. Se ve que se querían asegurar si era el primer o segundo departamento del pasillo", confió el hijo, de 19 años.