Vergüenza ciudadana
Dos mil quinientos años nada son en la historia de la humanidad. Ni qué decir de los millones en la evolución del hombre. No obstante algo deberíamos haber aprendido. ¿Cuál será el gen...

Viernes 20 de Abril de 2012

Dos mil quinientos años nada son en la historia de la humanidad. Ni qué decir de los millones en la evolución del hombre. No obstante algo deberíamos haber aprendido. ¿Cuál será el gen de la malicia y deshonestidad en nuestra cadena de cromosomas que nos impide ser mejores? Quizás con un incentivado y correcto crecimiento intelectual, y un mejor conocimiento de nosotros mismos, lograríamos morigerar los impulsos nefastos de la malignidad que lleva al hombre a reincidir en engaño, estafas, corrupción y vandálicos hechos de guerra y genocidios que exponen lo peor del ser humano. La concepción de que entre filosofía y moralidad existe una profunda unión, es una socrática postulación, asumida por su discípulo Platón. Ya la realidad política en su época, a mediados del siglo 400 antes de Cristo, llevó a Platón a escribir en "República" (521 aC), " Si los mendigos y hambrientos de bienes privados se arrojan sobre el ámbito público, por creer que es preciso arrebatar de allí lo bueno, el gobierno se vuelve objeto de disputa y esta guerra entre allegados los destruye a todos". Texto éste tan vigente hoy, en nuestra realidad de 2.500 años después, que fuera escrito, debiera ser ejemplificador ante las noticias periodísticas que nos golpean cotidianamente con casos escandalosos de corrupción generalizada, amparada bajo el paraguas del poder, donde estafadores aventureros se roban el país. Como no tengo otra voz que la posibilidad de escribir esto, levanto una bandera de ciudadano escandalizado, buscando a otros que se sumen a una cruzada para demostrar que aún, los que se atreven a arrojar la primera piedra, existen, denunciando una realidad que nos avergüenza. Al ver tanta corrupción, tanta mentira e impunidad, apañada en la Justicia, por lenidad de jueces corrompidos. La República se desmorona sitiada por ambiciosos hambreados de poder, en la que ya no hay independencia de poderes y todo responde a intereses, ambición y conveniencia. ¿Dónde están los justos, los honestos capaces prohombres que escriban la historia grande de la Patria? Allí en los sitiales del poder la soberbia se viste de gala. Ineptos con prácticas mafiosas se han apoderado del país. Todo sufrimiento implica una injusticia, y la rebelión es un gesto mismo por la vida. Hoy nadie parece querer jugarse por la suya, y sólo esperan que no les falte el tibio plato de comida y un rincón donde vivir como mascota. La sumatoria de los anónimos de a pie podrá socavar las estructuras instaladas para el saqueo de los bienes. Nadie escapa en el silencio, que sólo es complicidad con el corrupto. Soñar con la grandeza, utopía de una patria soberana, renacerá en la conciencia de los miles, por el deseo de ser reconocidos como dignos, batallando contra el escarnio de sólo ser coto de caza para el voto. El materialismo, que cree tener todas las respuestas, solo logra aumentar el histórico asesinato del inocente, en la espera de una pacífica parusía religiosa, que deja a multitudes sin Dios, cuando en realidad ha de ser una revolucionaria parusía que nos sostenga, para que cese el engaño la mentira, la deshonestidad. Mientras exista la injusticia, la rebelión, sólo morirá con el último hombre entre los Justos. Súmate para levantar una voz hasta hacerla multitud y ser escuchados.

Fernando Collazo