Vergüenza argentina
Cuatro ómnibus para llegar a Mar del Plata, dos paradas imprevistas para cambiar de coche por averías, más de doce horas de viaje y un arribo a la madrugada no me molestaron más que el maltrato y la desconsideración con el pasajero.

Jueves 09 de Abril de 2009

Cuatro ómnibus para llegar a Mar del Plata, dos paradas imprevistas para cambiar de coche por averías, más de doce horas de viaje y un arribo a la madrugada no me molestaron más que el maltrato y la desconsideración con el pasajero. Mi intención era pasar dos o tres días de descanso, pero la tensión con la que llegué a destino ya me descontaron parte de ese tiempo. Es que el micro de la Empresa Argentina al que me subí al mediodía del martes en la Terminal de Omnibus de Rosario no pudo ni siquiera salir de la ciudad. El colectivo se plantó frente al cementerio en Lagos y Pellegrini, aparentemente por un problema en el aire acondicionado. Hubo que esperar una hora para que otro coche de la misma empresa improvisara en la calle un trasbordo para partir ahora sí rumbo a Buenos Aires. Pero este tampoco pudo cumplir con el servicio: a la altura de Zárate esta segunda unidad se quedó sin batería. Allí hubo que aguardar otra hora para que otro vehículo de la misma empresa siguiera con este viaje de postas, ya con dos horas de retraso. Pero esta parte del servicio terminó en la Terminal de Buenos Aires donde nadie esperaba al contingente de sufridos pasajeros rosarinos que tuvieron que arreglárselas para averiguar cómo seguía el viaje. Allí en medio de un caos de gente, un micro de otra empresa (Cóndor) se disponía a terminar el servicio iniciado seis horas antes para terminar llegando de madrugada a la ciudad feliz. ¿Quién se hace cargo del maltrato de esta empresa? Porque además de ineficiente nunca se preocupó por informar qué había pasado con los coches que quedaron en el camino, ni por explicar por qué se rompieron. Ni hablar de pedir disculpas. Tampoco nadie nos recibió en Buenos Aires. Tal vez este maltrato es posible porque no se controla, porque nadie tiene que rendir cuentas por los servicios deficientes y jamás se multa a los responsables.

Pablo Arza