Vergüenza ajena
Es vergonzosa la contumacia con la cual diversos funcionarios de primera línea del gobierno nacional, así como senadores y diputados nacionales insisten en la defensa del vicepresidente de la Nación...

Miércoles 24 de Diciembre de 2014

Es vergonzosa la contumacia con la cual diversos funcionarios de primera línea del gobierno nacional, así como senadores y diputados nacionales insisten en la defensa del vicepresidente de la Nación (por primera vez en la historia argentina, un funcionario de esa condición es sometido a juicio oral). Para colmo, el motivo del enjuiciamiento es de un nivel tan primario en el orden jerárquico delictivo, que pone ineluctablemente de manifiesto el enanismo mental y total menosprecio por la observancia de la ley, de aquel a quien sólo "el dedo de la señora presidente" nos señaló para ocupar un lugar de tal relevancia institucional, habiendo sido incluso, en esa época, bendecido para sucederla. Las elecciones presidenciales no han sido muy afortunadas en ese sentido; primero optó a nuestro entender por un "traidorcillo" (que todavía no sabe bien donde está parado), y luego por un "ladronzuelo" (al decir de un viejo político). La desprolijidad, unida a la prepotencia, son autoevidentemente los criterios con que se maneja este gobierno. Unido a tan manifiestas muestras de intolerancia, deben asumir el problema de que se encuentran acuciados por determinadas circunstancias que los sumergen en un creciente desprestigio político que ya no es ni siquiera invisible para aquellos que están atados a sus prevendas, dádivas, y sponsoreos de diversa índole. Es así, como muchos antiguos adláteres han decidido "cortarse solos", aproximándose al anatema de la traición, pero intentando salvar algún caudal de votantes que los mantenga en carrera. Este relativismo moral que se presenta en personajes que se disputan la "herencia vacante" que aparentemente puede dejar el kirchnerismo en retirada, tiene mucho que ver con el relativismo moral que caracterizó a todos los movimientos populistas que encarnaron a todas las revoluciones de la historia. El despliegue del terror hizo fracasar a la Revolución Francesa, el odio a la otredad hizo fracasar los "mil años en el poder" que se prometieron a sí mismos los nacional socialistas, y el culto a la personalidad desmoronó el régimen que más vidas de opositores costó a lo largo de toda la historia de la humanidad. Hace años que algunos nos hemos dado cuenta de que estamos en una época que puede ser considerada como "el fin de las ideologías". Los argentinos debemos comprometernos en elegir para nuestro futuro, a quienes nos hablen más claramente acerca de nuestras necesidades, y nos expliquen cuáles son los medios legales y políticos de que disponen para solucionarlas. Distintos populismos ya nos han defraudado como sistemas de "pan para hoy y hambre para mañana". Una solapada lucha cuerpo a cuerpo entre poderes subsiste. Aparentemente, el Poder Judicial ha reaccionado y está poniendo en orden algunas situaciones. Tal vez incentiva a los hombres de derecho, una natural perspicacia para percibir cambios, que puedan producirse en una sociedad acerca de cuyas divergencias están destinados a decidir. En cuanto a la oposición, sería tremendo y decepcionante que no esté preparada para desmantelar el complejo andamiaje ideológico, legal y administrativo, pergeñado por quienes esperaban una Cristina eterna.

Carlos Cambiaso Picasso
DNI 6.052.133