Sábado 18 de Agosto de 2012
El problema de las veredas rotas en la ciudad parece ser insoluble, nunca se termina. A mi entender, el tema es que existen más actores de los que aparecen en escena. El propietario frentista puede construir su vereda con todas las mejores reglas del oficio, con un buen contrapiso para que no se desnivele y los mejores materiales. Una vereda así construida podría durar 40 o 50 años sin problemas. Pero si le colocan un árbol, al poco tiempo comienza la lucha con las raíces, lucha que dura lo que el árbol. No hay forma que Parques y Paseos corte las raíces y si uno le llega a meter mano, te multan. Sobre las raíces es imposible arreglar la vereda. Si no es por el árbol, debajo de la vereda pasan instalaciones de agua, gas, electricidad, televisión. Siempre alguna tiene problemas y rompen la vereda, que aunque la repongan (cuando lo hacen), nunca queda igual. Los contrapisos no se reponen. Sobre lo que hayan arreglado ponen tierra apisonada, arena con cal, espolvoreado de portland; las baldosas, una lechadita de cemento y ¡terminado! Cuando se seca la arena, las baldosas quedan en el aire sostenidas sólo por la lechadita. No tarda mucho en aflojar la primera baldosa, y entonces se desarma todo el arreglo como castillo de naipes. Y la responsabilidad vuelve al frentista. Nadie se hace cargo, ni empresa de servicio, ni contratista del arreglo de la vereda, ni subcontratista (que siempre lo hay), ni la "Muni", que tendría la responsabilidad primaria. A esta altura, por favor dígame alguien ¿cómo debe hacer un propietario frentista para no caer en la trampa de la vereda rota?
Jorge Carlos Cadiboni