Viernes 27 de Noviembre de 2015
El Papa Francisco llamó ayer a los cristianos de la convulsionada República Centroafricana a perdonar y amar a sus enemigos, la única manera para que a largo plazo pueda regresar la paz a esa nación, según lo manifestó en el marco de su gira por Africa.
“Vengo como peregrino de la paz y apóstol de la esperanza”, aseguró el Papa de 78 años durante una misa en la Catedral de Bangui, capital del país.
Según estadísticas de la ONU, la República Centroafricana es el tercer país más pobre del mundo. Desde 2013 se encuentra sumido además en un conflicto entre milicias musulmanas y cristianas, después de que los rebeldes musulmanes Seleka destituyeran al presidente Francois Bozize, un cristiano.
Miles de personas han muerto y un cuarto de los cinco millones de habitantes han tenido que abandonar sus hogares a causa de la violencia.
La visita es la más complicada de la gira papal, pues hay temor de que los extremistas intenten usar la presencia del pontífice para generar mayor violencia. Francisco se traslada en su habitual Papamóvil abierto, pese a que las autoridades le habían alertado de que no podrán garantizar su seguridad.
Las fuerzas locales son apoyadas por más de 10 mil “cascos azules” de la ONU y tropas francesas.
Para los cristianos es una demanda importante “el amor a los enemigos, que nos previene de la tentación de la venganza y de la espiral de las represalias sin fin”, consideró el argentino Jorge Mario Bergoglio. “Los cristianos deben ser embajadores de la paz”, agregó.
El jefe de la Iglesia católica abrió ayer la “Puerta Santa” en la Catedral de Bangui, en un acto simbólico que marca el inicio del Jubileo de la Misericordia, el próximo 8 de diciembre. “Esta es la puerta de Dios. Entremos por ella para obtener compasión y misericordia”, dijo el Papa al abrir la puerta.
Previamente el Sumo Pontífice visitó un campo de refugiados desplazados por el conflicto interreligioso que azota a la antigua colonia francesa. “La paz sin amor, sin amistad, sin tolerancia, sin perdón, no es posible. Cada uno de nosotros debe hacer algo. Yo les deseo, a ustedes y a todos los centroafricanos, la paz, una gran paz entre ustedes”, señaló el pontífice a los refugiados, que lo recibieron cantando y con carteles en los que se leía “amor” y “alegría”.
Ubicado a las afueras de la capital, Bangui, el campamento alberga a unas siete mil personas que tuvieron que huir de los enfrentamientos entre musulmanes y católicos.
En su primer acto público, el Papa habló en presencia de la presidenta interina, Cathérine Samba-Panza, y otros dignatarios, a los que llamó a la unidad nacional.
La unidad “se ha de vivir y construir teniendo en cuenta la maravillosa diversidad del mundo circundante, evitando la tentación de tener miedo a los demás, al que no nos es familiar, al que no pertenece a nuestro grupo étnico, a nuestras opciones políticas o a nuestra religión”, dijo. “La unidad en la diversidad es un desafío constante”.
Por su parte, Samba-Panza consideró que la visita es “una bendición del cielo” y que “ayudará al país a derrotar a los demonios de la división, el odio y la autodestrucción”. A su llegada al aeropuerto en un avión especial de la aerolínea italiana Alitalia que lo llevó procedente de Uganda, el religioso fue recibido tanto por representantes católicos como musulmanes.
“El Santo Padre no ha venido para los católicos, sino para todos los centroafricanos. Es una buena señal de reconciliación”, dijo El Adji Tchakpabrede, representante de la comunidad islámica. Bangui es la última escala del viaje africano del Papa, que acaba hoy. Antes visitó Kenia y Uganda en su undécima salida al extranjero desde su elección como pontífice en marzo.