Lunes 24 de Marzo de 2014
Apenas asumido el gobierno de Chávez y una vez convencidos los factores de poder económicos que los gobiernos bolivarianos no se someterían a administrar el país para sus intereses sectoriales como todos los anteriores, comenzaron los intentos para derribar a estos gobiernos por todos los medios posibles.
Entre los logros de la Revolución Bolivariana cabe destacar el reconocimiento de la Unesco como país libre de analfabetismo (2005), 2º país de Latinoamérica y 5º del mundo en matrícula universitaria (2014), reducción del IVA del 16 al 9 por ciento, desarrollo de sistema de transporte moderno eficiente y barato para los sectores populares, acceso a la salud a amplios sectores populares que antes no lo tenían, crecimiento del PBI entre 1999 y 2012 del 289,17 por ciento, o sea 24,10 por ciento anual en promedio (Banco Mundial), desarrollo de mecanismos de democracia participativa sin precedentes en el país, entre los cuales se halla el mecanismo de revocatoria de mandato de todos los funcionarios electos, incluido el presidente; avances en el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios, el medio ambiente, las mujeres, los discapacitados, los niños, los animales, etcétera; masivos planes o "misiones" de vivienda y la recuperación del control, por parte del Estado democrático de la estratégica empresa petrolera PDVSA.
La importancia de la Revolución Bolivariana trasciende en mucho las fronteras de Venezuela por varios motivos: 1) Ha sido impulsora fundamental de un proceso de integración latinoamericana como nunca antes se había visto en la región, que recoge los sueños inconclusos de los libertadores; 2) Irrumpió en pleno auge de la fiesta neoliberal que prometía prolongarse por décadas, a apenas 10 años de la caída del Muro de Berlín, mostrando a los pueblos de Latinoamérica y el mundo la posibilidad de caminos alternativos a la dictadura del gran capital internacional y de la superpotencia de un mundo unipolar; 3) Posee las mayores reservas de petróleo probadas del mundo.
No es de extrañar entonces que las fuerzas de la reacción encabezadas por los EEUU hayan hecho y hagan lo imposible por acabar con ese proceso.
Hoy, a once meses de elecciones presidenciales tachadas de inobjetables por los observadores internacionales y a tres de elecciones municipales que la oposición pretendió convertir en un plebiscito nacional y que les fue adverso, el gobierno democrático de Venezuela está bajo ataque de grupos violentos que no han ocultado su intención de terminar con el gobierno constitucional y que han costado ya 28 muertos, de los cuales al menos 7 asesinados directamente por quienes arman barricadas violentas o "guarimbas", otros por escaramuzas entre civiles favorables y opuestos al gobierno y recayendo también acusaciones sobre miembros de organismos de seguridad, varios de los cuales se encuentran detenidos e investigados.
El sector más violento de la oposición, que ha convocado a estas acciones delictivas y sediciosas contra un gobierno constitucional que ha ganado 18 de 19 elecciones convocadas en los últimos 15 años, cuenta con el respaldo de toda la derecha internacional, comenzando por el paramilitarismo colombiano y los anticastristas de Miami, a más de del gobierno de los EEUU.
Lo más grave sin embargo, es la campaña internacional de deformación de la realidad venezolana que el poderoso sistema de medios de comunicación manejado por estos intereses realiza en forma sistemática, habiéndose llegado incluso a presentar numerosos "testimonios" gráficos de "la represión en Venezuela", que correspondían a otros países y situaciones.
La reciente votación del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos que aprobó por 29 votos contra 3 (EEUU, Panamá, Canadá) una declaración coincidente con la búsqueda del diálogo y la paz que viene haciendo el gobierno del presidente Maduro, muestra a las claras que las naciones del continente — incluso muchas de ellas con gobiernos de derecha — que conocen de primera mano por sus embajadas la verdadera situación en el país no se hacen eco de las burdas mentiras de gran parte de la prensa internacional que pretende presentar al gobierno popular y constitucional de Venezuela como una dictadura, y a la fracción más violenta y sediciosa de la oposición, como víctimas de aquella. En el mismo sentido se inscriben la resolución unánime de Unasur acompañando los esfuerzos de paz del gobierno venezolano y la del Alba condenando la amenaza del secretario de Estado de los EEUU de sancionar unilateralmente a Venezuela (visto el aislamiento en que ha quedado EEUU en este tema). Es en todo caso la comunidad internacional la que debería tomar sanciones contra los EEUU por las flagrantes y sostenidas violaciones de ese país a los DDHH en Guantánamo, entre muchos otros hechos.
Es cierto que Venezuela viene padeciendo en los últimos tiempos problemas importantes como la inflación, inseguridad (ya era uno de los países más inseguros antes de 1999, pero el problema ha crecido como en toda la región y aún por encima de otros países) y el desabastecimiento de algunos productos (aunque no de la magnitud que pretende presentar la derecha). También la falta de diversificación de la estructura productiva, un problema histórico del país que la Revolución se ha propuesto superar pero que es todavía una asignatura pendiente. Las causas son múltiples y van desde el sabotaje de algunos empresarios, la especulación en procura de ganancias exorbitantes de otros, e incluye también errores y debilidades en las políticas oficiales en un proceso de construcción de un socialismo del siglo XXI. Sin embargo, la superación de estas dificultades sólo se podrá alcanzar mediante el diálogo, en el camino de la Conferencia Nacional de Paz convocada por Maduro.
A quienes nos preocupa el bienestar de nuestros pueblos no puede resultarnos indiferente la marcha de este proceso. En la conciencia de que esos siniestros objetivos contra Venezuela fueran alcanzados, la más negra noche se abatiría sobre todo el continente, tal como ocurrió en los 70 con el dominó de los golpes de Estado en diversos países del América latina y que en Argentina nos costara 30.000 desaparecidos.