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Vargas Llosa afirmó que "el liberalismo acabó con el despotismo y creó la democracia"

La noche del martes las élites rosarinas se pusieron sus mejores vestiduras y coparon el querido teatro de la Fundación Astengo para los 25 años de la Fundación Libertad.

Sábado 13 de Abril de 2013

La noche del martes las élites rosarinas se pusieron sus mejores vestiduras y coparon el querido teatro de la Fundación Astengo. Se trataba de escuchar la palabra de Mario Vargas Llosa, figura estelar del seminario organizado por la Fundación Libertad para conmemorar sus 25 años. El gran el novelista fue presentado por el presidente de la fundación, Gerardo Bongiovanni: “Es la cuarta vez que viene a Rosario, pero la primera que lo hace como Nobel”, a lo que siguió un aplauso cerrado. Se planteó entonces una conferencia con rasgos de conversación por Vargas Llosa, que partía de preguntas formuladas por los escritores Marcos Aguinis y Alejandro Rozitchner.

   “Nos han dado un tema tan amplio (“Cultura y democracia en el mundo actual”) que podríamos hablar de cualquier cosa” bromeó de entrada el peruano. “Cultura y democracia son términos que están vinculados. Una democracia sin cultura no es posible, y mientras más elevada sea, más posibilidades tiene una sociedad de practicar la democracia. La democracia es el sistema que más ayuda a atenuar o erradicar la violencia y a dar un marco eficaz contra los abusos y las injusticias”, esbozó el visitante.

Círculo vicioso. Rozitchner le preguntó entonces por su lejana experiencia política en el Perú en 1990, cuando fue candidato presidencial. “Descubrí que la política del día a día hace aparecer la generosidad, pero también saca los peores vicios y crueldades. Fue una experiencia enormemente instructiva que no repetiría. Pero no cambio mi manera de pensar: es indispensable que todo el mundo participe en política”. Este lado sucio de la política hace que “en América latina la mejor gente le dé la espalda. Es un círculo vicioso: si los mejores se apartan, la política se va degradando y envileciendo. Los liberales tenemos la obligación de incitar a los jóvenes a hacer política, de decirles que deben entrar en ese mundo y «adecentarlo»”.

   Aguinis apuntó que la palabra liberalismo en América latina “se ha degradado y satanizado”, mientras «socialista» se ha sacralizado” y preguntó si no habría que cambiar el término liberalismo por otro, dado su deterioro al ser usado por sectores “como el menemismo, que no lo merecían, y dictadores que se llamaban liberales”. El interpelado coincidió en que “en efecto, el liberalismo se ha desnaturalizado”. Pero “los liberales no constituimos una religión laica, cerrada sobre sí misma. Por eso hay muchas versiones de liberalismo, basta asistir a los congresos liberales, las rencillas son enormes. El denominador común es bastante escueto: la libertad es una sola, indivisible”.

   Vargas Llosa recordó que “el liberalismo ha estado detrás de los grandes progresos de la Humanidad, acabó con el despotismo, con los regímenes obsoletos de origen divino”. Su núcleo es “la idea de coexistir en la diversidad, que es relativamente reciente. Antes había una sola idea y se imponía, quien no la compartía se callaba o desaparecía. El liberalismo establece ese principio fundamental de que mi verdad puede estar impregnada de errores y la de otro puede tener sus aciertos. Gracias a esto disminuyó la violencia de una Historia llena de los cadáveres de quienes disentían con el poder. Eso es la civilización, esa coexistencia en la diversidad”. Es por esto que “el liberalismo crea al individuo. Era parte de una masa que los amos de la sociedad modelaban a su antojo. El liberalismo crea al individuo y lo crea con derechos soberanos. De ahí nace la noción de derechos humanos: que el individuo tiene derecho a elegir su propia vida en un marco de diferencias con los demás, donde renunciamos al dogmatismo y la intolerancia”.

   América latina tiene una historia que es un compendio de casos de esa sociedad que no tolera disensos ni diversidades. Por eso en su historia “vemos muertos, seres inocentes destruidos por dictaduras y guerras civiles, todas nacidas del sectarismo, de esa violencia feroz”, ante la cual “el mejor escudo” es la práctica de los valores liberales: “la tolerancia, el respeto a la ley, poderes sometidos a una fiscalización sistemática, porque sino el poder crece y se instala, instala las dictaduras”. Por estas razones tan concretas “soy liberal: porque esa renuncia civilizada hace posible la coexistencia”. Esta novedad histórica que es el liberalismo está en la base de los países que han alcanzado las formas más avanzadas de democracia y desarrollo. “Han realizado el ideal liberal, en cierta forma. No creemos que se pueda alcanzar la perfección en el campo social, es imposible. Pero una sociedad es perfectible si actúa en forma sentata y creativa. Ahí están esos países mas avanzados, con libertad económica y cultural, instituciones perfeccionadas. Por eso no hay que tener vergüenza de definirse liberales”. Tal vez para preocupación de algunos de los presentes, Vargas Llosa agregó que “hay economistas que han hecho mudo daño al liberalismo”, dado que éste “no es una receta económica de mercado. Los liberales siempre han creído que hay unos valores, una forma de espiritualidad que puede ser laica. Es ese liberalismo el que hay que defender a cara descubierta”.

Socialismo y liberalismo. Al insistir en su visión no partidaria del liberalismo, el Nobel 2010 halla que “hay un socialismo democrático impregnado de liberalismo. Y el socialismo democrático es tal porque ya no es socialismo”, frase que desató un aplauso cerrado. Ese socialismo, “que ha ido aceptando la empresa privada y el mercado” es el que está detrás de los “milagros suizo y sueco, y enhorabuena. Es uno de los buenos caminos a la libertad”. Acá los aplausos fueron suplantados por un silencio espeso. El gran novelista acepta a la vez al conservadurismo “que defiende valores respetables, aunque no sean los nuestros”. Ese conservadurismo también “está impregnado de liberalismo. Por eso, algunos liberales han pensado que el liberalismo jamás debería traducirse en partidos, sino impregnarse en todos. Y eso es algo que ha estado pasando. El liberalismo se ha estado infiltrando, luego del fracaso de las dictaduras fachistoides y de los movimientos radicales”. Para el peruano, “un liberalismo que no se reconoce con ese nombre es lo que ha estado ocurriendo en el Perú, México, Chile. Países en los que van progresando, creciendo, las clases medias”. Por todo esto es que “los liberales vamos alcanzando una presencia discreta en la sociedad. Pero debemos continuar disputando entre nosotros para que vaya surgiendo la verdad política, social, económica”. Una clara invitación al pluralismo y el debate en la familia liberal, que tal vez fuera dirigida a muchas de las fundaciones de este signo de la región, tan proclives a la versión más conservadora y monocolor del liberalismo.

Argentina. Ya sobre el final de la conferencia, Vargas Llosa se centró en el progreso como libre elección de los pueblos. “Hoy los países que son pobres, han elegido ser pobres. Han rechazado políticas que permiten salir de la miseria y ser prósperos. Hoy sabemos cómo se hace. Si un país quiere convertirse en una anacronismo social, elige Cuba, o elige el populismo, acá en América latina lo vemos”. Puso de contraejemplo a Chile, que “está a punto de ser de Primer mundo con una renta per cápita de 20 mil dólares, con el nivel de vida de Irlanda. No fueron elegidos por Dios, han hecho políticas estables que hicieron crecer enormente a las clases medias”. Algo que pueden hacer “también los argentinos. Si Argentina hubiera elegido esa política tendría los más altos niveles de vida del mundo. Si tiene los problemas que tiene, es porque los argentinos eligieron tener esos problemas y rechazaron las buenas opciones. Lo digo con gran cariño. Cuando era niño, Argentina era el país próspero, sin analfabetos, con el mejor sistema educativo. Y puede volver a serlo, porque hoy las opciones dependen enteramente de nosotros, al revés del pasado”. Fue un desafío explícito y a la vez educado dirigido al país que lo recibía y homenajeaba.

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