Martes 01 de Julio de 2014
En mi infancia, la palabra "carajo" formaba parte del vocabulario cotidiano en algunos hogares, como el mío, por ejemplo. Uno no se cansaba de escuchar frases como "salí de acá, carajo" o, la más común: "andate al carajo". A mí se me había hecho tan familiar esa palabra que una vez se la dije a una compañerita de la primaria. La nena se puso colorada y llamó a la maestra, la querida señorita Dora de la escuela La Argentina, quien me sacó de una oreja del salón y, muy enojada, en su rol de segunda madre me conminó a repetir delante de ella esa "terrible" palabra. De más está decir que yo no tenía ni idea qué quería decir "carajo", así que medio con picardía se la repetí para ver cuál iba a ser su reacción. No terminé de pronunciar la última sílaba cuando la señorita, roja de furia, me dio vuelta la cara de un sopapo y, acto seguido, me llevó a la dirección para pegarme junto a la titular del colegio el reto de mi vida por "maleducado". A todo esto yo les preguntaba qué significaba esa palabra, pero nadie supo o quiso responderme. Años después entendí que algo tenía que ver con la palabra "pene", pero igual no me quedaba claro qué sentido tenía mandar a alguien al pene. Más años pasaron y la verdad se reveló: se trataba de un término náutico. En el entorno de la navegación a vela, mandar a alguien al carajo era enviarlo a que pase un tiempo sin agua y sin comida en la punta del palo mayor (de ahí su asociación con "pene") del velero en cuestión. Por lo general, el carajo o "carallo", propiamente dicho, era un sitio que tenía forma de barril y donde se apostaba el vigía, pero otras veces significaba simplemente quedarse agarrado de las cuerdas que sostenían la vela superior. Así, entonces, se trataba de una forma de castigo ante un desacato o ante una acción considerada una falta de respeto. Los que iban al carajo eran aquellos miembros de la tripulación que se destacaban por su rebeldía, que desoían las órdenes o que cuestionaban la autoridad del capitán o sus contramaestres. Hoy se ha quitado el estigma a la palabra "carajo" y se la ha puesto como sinónimo de tenacidad, de luchar por lo que se quiere más allá de los castigos a los que uno se pueda exponer. Así, hay un eslogan de este Mundial que reza: "¡Vamos Argentina, carajo!", y me imagino el desconcierto que tendría la buena de la señorita Dora ante tamaña manga de "maleducados"; ¡no le alcanzarían las manos para repartir sopapos!
Guillermo Zinni / DNI 12.944.367