Viernes 14 de Enero de 2011
Trabajé 10 años en General Motors Argentina. Me despidieron en enero de 2008, sin causa. Fueron arduas jornadas de trabajo desde 1997 con casi 5000 horas extras pagas y otras casi 1000 impagas, con jornadas de 12 y más horas. Viajes con jornadas agotadoras y más.
Mi preocupación, además de mi caso, es la salud de los trabajadores cuando son despedidos y mientras están con tratamiento médico. Creo que se esta arruinando una generación y lo que es satisfacción hoy por un muy buen salario, mañana será dolor, esto considerando que se implementan mejoras año tras año (hoy debe haber aproximadamente 1000 despedidos desde el 97 a la fecha). Con mi despido quedé con una enfermedad psiquiátrica (me avisaron a las 2 de la mañana que me presentara a las 11 para revisar unos papeles) y me desvincularon sin causa acompañado por vigiladores en auto y con todas las ventanas del comedor y oficinas cerradas, después fueron 14 más y unos meses después más de cien. En mi caso, al año, la enfermedad psiquiátrica se transformó en un cáncer en la cabeza (glioma grado 4). Sé que muchos quedaron con tendinitis, inflamación de túnel carpiano, problemas de columna, problemas de hombro y estrés severo. Los cuales difícilmente se podrán reinsertar en el mercado laboral nuevamente, ya que las ART están alertadas de este tema y ser hoy un ex empleado de GMA, no es ningún prestigio, se toma como material fundido. Dios me cruzó en el camino del cáncer, a gente, que me salvó la vida, sin conocerme, sin interés, y con verdadera vocación y corazón. A los señores que deban intervenir, gobierno, políticos, entidades gremiales, ministerio de trabajo, creo que desde mi humilde punto de vista, el potencial verdadero de la gente no está en la fabricación de autos, si no que está en las personas del Hospital Clemente Alvarez, que me cuidaron, me operaron, me bañaron, me dieron su contención.
A vos amigo Osvaldo y a vos enfermera anónima que lloraste junto a mi cama cuando me viste salir con vida, les voy a estar eternamente agradecidos por haberme hecho entender que mi verdadero potencial es valorar la vida y no soportar insultos y demás porque una tuerca no llegó en 2,14 minutos para un auto.
Horacio Eduardo Bussano