Lunes 23 de Marzo de 2009
El viernes pasado, alrededor de las 17.30, de regreso de mi trabajo tomé el colectivo 137 (interno 322). En un descuido se me cayó el celular en el asiento, aunque me di cuenta más tarde. Llamé varias veces hasta que una señora atendió y muy amablemente se lo pasó al chofer —de nombre Leo— con quien coordiné para que me lo devolviese a la vuelta del recorrido. Y así fue, en la esquina de Saavedra y Buenos Aires. El celular no tiene ningún valor, se puede reemplazar y hasta (estoy cada vez más convencida) prescindir de él. Sin embargo, en un momento en que todos nos estamos mirando con desconfianza, lo que cuenta aquí son los gestos generosos y desinteresados, como los de la señora que encontró mi teléfono y el chofer que de una manera muy gentil me lo devolvió.
DNI 13.882.097