Como una tormenta que se arma lentamente y luego sorprende con su llegada, Ute Lemper pasó por Rosario y deslumbró con sus relámpagos de talento en la encapotada noche del jueves último.

Como una tormenta que se arma lentamente y luego sorprende con su llegada, Ute Lemper pasó por Rosario y deslumbró con sus relámpagos de talento en la encapotada noche del jueves último.
La cantante alemana presentó un recorrido por temas de Kurt Weill, Edith Piaf, Jacques Brel y Astor Piazzolla en el Auditorio Fundación Astengo, ante un público que se rindió ante la evidencia de su talento. Acompañada por el argentino Marcelo Nisinman (bandonéon) y el alemán Vana Gierig (piano), la intérprete nacida en Munster entró al escenario apenas pasadas las 21 y, poco a poco, fue creando un clima que, por momentos, evocó las cargadas atmósferas de los cabarets berlineses de los años 30, desbordando magnetismo personal. En otros pasajes, la versátil cantante y actriz mostró su arte cosmopolita al visitar géneros latinos como la chanson, el tango y sus creaciones sobre la poesía de Pablo Neruda, con música de Marcelo Nisinman.
Notablemente influida por el blues, la cantante brilló con la mayor intensidad en dos momentos del concierto. En primero fue cuando se sentó junto al pianista Vana Gierig para emular con su voz el sonido de una trompeta y, por momentos el de un trombón, —alternados con un exacto y arriesgado scat—, en una extensa interpretación en la que afloró la acompasada cadencia blusera con todo el hollín del Chicago negro adherido en sus notas. El segundo momento alto del show llegó con la interpretación de la "Moritat The de Mackie Messer" ("La balada de Mackie Navaja") con música de Kurt Weill y letra de Bertolt Brecht, tema de la "Opera de los 3 centavos" que le permitió a Lemper exhibir toda su artillería vocal, histriónica y su manejo del lenguaje corporal —sus brazos son dos gaviotas y su cintura un junco cimbreante— que le permitieron llenar con una saludable densidad la despojada escena de caja negra.
El público pasó de la sorpresa (incluso de quienes se revelaron conocedores de su obra) al estupor, provocado por el despliegue interminable de recursos del que hizo gala Ute Lemper: vibró con las canciones del cabaret berlinés, silbó "Mackie Navaja" dirigido por la cantante y aplaudió a rabiar "Los pájaros perdidos" y "María de Buenos Aires", de la operita de Piazzolla y Ferrer, tema en el que la vocalista mostró su acercamiento a la "mugre" que el tango exige para resultar creíble.
Aunque debió luchar contra un sonido adverso durante todo el espectáculo, Ute Lemper desempolvó todo su oficio para remontar una noche que su público rosarino no podrá olvidar.
Una demostración de talento interpretativo que incluyó la voz como transmisora de poesías y como instrumento musical, utilizando hasta susurros y soplidos como elementos válidos para hacer música. La cantante también demostró que los idiomas no son obstáculos sino un medio más para quien sabe transmitir su arte.
Un repertorio exigente
Ute Lemper interpretó sus temas “Blood and Feathers” y “Lola”; “Bilbao Song”, “Tango Ballad”, “Surabaya Johnny” de Kurt Weilll y Bertolt Brecht; “Che tango”, “Yo soy María” de Astor Piazzolla y Horacio Ferrer y “Los pájaros perdidos”, de Mario Trejo y Astor Piazolla, “Die Moritat (Kurt Weill). Como novedad, la cantante presentó poemas de Pablo Neruda musicalizados por Marcelo Nisinman como “Tus manos”, “La noche en la isla”, “El viento en la isla”, “Ausencia” y “Si me olvidas”. El único bis fue "Amsterdam", de Jacques Brel.


