Martes 26 de Enero de 2016
La palabra "ñoqui" por excelencia, el que fue nombrado por ser amigo de un político o gremialista en la función pública y va a dar el presente los 29 cuando "cobra" por su "trabajo". Está el que tiene un ñoqui como cerebro y no piensa por sí mismo, híper candidato al "lavado de cerebro" (se lo lavan en un minuto). Está el que tiene un ñoqui en uno de los ojos y tiene una visión retorcida de la realidad, el que tiene un ñoqui en uno de los oídos y escucha lo que le conviene. También está el que tiene uno o dos ñoquis en los pies y al no poder caminar sólo ve lo que le manda su "puntero" en su computadora, igualmente es menor o mayor su efecto dependiendo de qué tipo de ñoqui utilice. Está el de espinaca (verde), al morrón (rojo) o al huevo (amarillo), éste último es el más perjudicial, es el que identifica al que "hace huevo todo el día". Hay ñoquis psicológicos, los que truchan carpetas médicas en las administraciones públicas municipales, provinciales y nacionales. Lamentablemente, su acepción se torna violenta si te tiran un ñoqui (piña) o chupamedias, si el personaje aludido es ciegamente fanático. En los países desarrollados, los ñoquis son un plato tradicional y exquisito, en Argentina, aparte de ello, son los que mantenemos con nuestros bolsillos e impuestos.
Gustavo Lowden