Martes 01 de Julio de 2014
La Copa del Mundo Brasil 2014 se conmovió por la sanción que la Fifa le aplicó a Luis Suárez, sacándolo de la competencia. A partir de ahí aparecieron posturas y argumentos de defensa para con el delantero uruguayo que me resultaron cuanto menos insólitas. A saber: Luis Suárez mordió al defensor italiano por problemas de su pasado personal. El defensor Chellini es un jugador “muy sucio”, y no debió “romper códigos”: es decir, la víctima de la agresion es el culpable. A Uruguay la Fifa lo quiere sacar del Mundial porque “es un país chico y molesta” y “puede cruzarse con Brasil”. A todo esto nadie remarcó que Suárez debió ser expulsado por el árbitro ante Italia, por lo cual Uruguay fue claramente favorecido. Y además, ¿no hubiera sido más fácil para la Fifa “frenar” a Uruguay para no permitir que elimine a dos grandes de Europa como Italia e Inglaterra? Puedo entender (aunque no compartir) la postura de los hinchas y periodistas del vecino país victimizándose. Pero nadie (ni la Fifa, la Argentina ni el mundo) tiene la culpa de que Uruguay sea un país pequeño en superficie y con sólo tres millones de habitantes. Y en este “mundo al revés”, donde el responsable de una agresión incalificable es recibido como un héroe en su tierra, donde hasta su presidente lo apoyó, los que sostienen que la condena es “inmoral” parecen olvidar que en 1930 fueron los primeros campeones del mundo con armas tan poco claras como las que hoy maneja la Fifa. Y en la final del 30 la víctima fue la selección Argentina.
Marcelo Godino / DNI 22.592.179