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Una voz original que les imprime su sello a las mejores canciones

Concha Buika conmovió al público en El Círculo. Con su tono desgarrador, la cantante se paseó por el flamenco, el jazz, el bolero y el tango.

Lunes 12 de Mayo de 2014

Desde el inicio de su show en El Círculo, Concha Buika marcó su pertenencia, su origen. La rumba flamenca "Sueño con ella" comienza cantada por sus músicos e ilustra su muy celebrado ingreso a escena. "Gracias por este cachito de tiempo, por este cachito de alma. Nuestros secretos están aquí", saludó conmovida por el recibimiento en la noche del sábado. Con su particular impronta, la cantante nacida en Palma de Mollorca visitó en vivo diversos géneros, desde el flamenco y el jazz hasta el bolero y el tango.

Poniendo dramatismo y honda expresividad, recreó en clave flamenca "Santa Lucía" (Roque Narvaja). "Que Dios bendiga esta tierra por tan grandes compositores", expresó acerca de esta parte de su repertorio. Siempre buscando esa nota que logre conmover, se acercó al bolero con "Mi niña Lola", una canción que habla sobre miedos y amores de padres.

En un respiro, detectó en la platea a dos espectadoras africanas. Luego de destacarlas, compartió anécdotas referidas a su constante observación de lo afro como minoría. Con ritmo de samba, utilizando el scat (recurso del jazz), canta "Siboney", otro bolero que parece exorcizar sus lamentos y allí sigue compartiendo sus visiones y reflexiones con el público: "Me pregunto dónde estará el rincón de cada uno para decir lo que se tiene guardado" y remata con "yo lo tengo aquí, en el escenario". Después mantuvo el tono intimista para la balada-jazz "Volverás", donde consiguió una de las mayores ovaciones.

Ya en mutua sintonía, Buika suelta su voz y su cuerpo y el público comienza con los pedidos. "Oro santo", muy solicitada, y "Que nadie sepa mi sufrir" establecieron un momento de complicidad con el público femenino. En esta última, el vals original se transformó en un samba-milonga donde intercaló párrafos improvisados plagados de humor y sarcasmo, muy festejados. Fue un bloque dedicado "a los mentirosos, canallas de nuestra historia. El mío fue de los gordos, tremendo cabrón. Y qué rico estaba", dijo con ironía.

A capella arrancó "La nave del olvido" y, con un notable arreglo para tres voces, el grupo versionó este clásico bolero con formas de rumba flamenca embellecidas por su sensual danza. Fue una extendida versión que incluyó improvisaciones en español. "Me estoy sacando las ganas de cantar en español (vive en Miami)", dijo Buika, como pidiendo permiso.

El cierre se fue acercando con otra sentencia. "A todos los que así estén. Así estoy yo también", dijo introduciendo "Jodida pero contenta", rumba con rasgos caribeños, otra de las más solicitadas. Sin retirarse ofreció el primer bis con otro guiño a la música argentina: "Nostalgias", un tango-canción en donde el acompañamiento estuvo plagado de sutilezas. Después se fue y volvió sin los músicos para cantar sola coplas sevillanas. Mientras recibía saludos por su cumpleaños (el domingo anterior, estando en Córdoba, cumplió 42), asomaba "Ojos verdes".

Cuando el público iniciaba su retirada, el sonido se reinició y regresó para el homenaje a Chavela Vargas con "El último trago", la ranchera que precedió, ahora sí, a la despedida con "Soledad". "Que Dios bendiga todos nuestros pecados", dijo antes de retirarse definitivamente del escenario. Buika, aunque se declara enemiga de las melodías, con sus fraseos las fabrica bellas y originales y le da una vuelta más a las canciones. La constante en su show es el tono desgarrador y el resultado logra conmover y conectar su alma con las del público.

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