Una vida que se apaga
Ya se cumplen alrededor de cincuenta días desde que Fernando fue atropellado por un colectivo a dos cuadras de su casa, en su querido Arroyito. Canalla con mayúsculas, Fernando tiene 84 años. Fue a jugar un número a la quiniela y nunca volvió a su casa.

Jueves 15 de Octubre de 2009

Ya se cumplen alrededor de cincuenta días desde que Fernando fue atropellado por un colectivo a dos cuadras de su casa, en su querido Arroyito. Canalla con mayúsculas, Fernando tiene 84 años. Fue a jugar un número a la quiniela y nunca volvió a su casa. Un inadaptado al volante, un "profesional" del volante al mando de un colectivo de línea lo atropelló. Cincuenta días de angustia para toda la familia, el gran esfuerzo del equipo del hospital para recuperarlo está siendo inútil. Fernando se está apagando, una vida plena, autosuficiente y que seguramente llegaría a los 96 como su padre. Pero en esta querida Argentina existen personas cumpliendo tareas que no son aptas para cumplirlas. El responsable de apagar la vida de Fernando es un chofer profesional, de apellido igual al multicampeón alemán de formula 1. Y en toda esta injusticia de perder una vida plena se suma la actitud de este chofer y de la empresa que no fueron capaces de dirigirse a la familia, a pedir perdón por el hecho, a ofrecer una actitud humana siquiera. Nada. Creo que cobardes es lo menos que les cabe. No atropelló a un perro, atropelló a Fernando, que seguramente podría ser su padre o su abuelo.

Ignacio Javier,

ignacio_larraza@yahoo.com.ar